Los montes de Soria han perdido a uno de sus animales más singulares. ‘Bécquer’, el macho de corzo con leucismo al que una sociedad local de cazadores protegió desde que era pequeño, ha muerto a los siete años como consecuencia de una enfermedad. Su pelaje blanco y su capacidad para sobrevivir en libertad lo habían convertido en un auténtico emblema de la zona.
La noticia de su muerte ha sido dada a conocer por Soria Noticias, que se hizo eco de su aparición en 2019 y siguió durante estos años su evolución junto a Moncayolife. Aunque en estas publicaciones era conocido como ‘El Blanco’, los cazadores del coto en el que vivía lo habían bautizado como ‘Bécquer’, en recuerdo de la célebre leyenda La corza blanca, escrita por Gustavo Adolfo Bécquer y ambientada en los montes del Moncayo.
El «pacto de caballeros» que permitió vivir a Bécquer
En diciembre de 2021, Jara y Sedal pudo hablar con el presidente de la sociedad local de cazadores que cuidaba del animal. Por entonces, Bécquer tenía alrededor de dos años y llevaba otras tantas temporadas siendo observado por los socios del coto.
Desde el primer momento, todos ellos decidieron respetarlo. «Lo tenemos controlado desde pequeño, pero decidimos respetarlo y no cazarlo entre los miembros del coto», explicó entonces su presidente, J. F., a este medio. No se trataba de una decisión puntual. Los cazadores habían alcanzado lo que su responsable definió como un «pacto de caballeros» para que ninguno de los socios abatiera al singular ejemplar. La intención era permitir que continuara viviendo en libertad y observar cómo evolucionaba con el paso de los años.
La sociedad utilizó incluso una preciosa fotografía de Bécquer para felicitar las Navidades de 2021 a sus socios. La instantánea, remitida entonces a esta revista, mostraba al inconfundible corzo blanco que ya se había convertido en un símbolo para quienes compartían con él aquellos montes sorianos.

Su ubicación se ocultó por miedo a los furtivos
La principal preocupación de los cazadores no estaba dentro de la sociedad, sino en la posibilidad de que algún furtivo conociera la ubicación del animal y tratara de abatirlo. Por esa razón, su localización exacta se mantuvo siempre en secreto. «De hecho, el animal se puede ver fácilmente, aunque no queremos decir el lugar exacto en el que se encuentra por miedo a los furtivos», advertía el presidente del coto durante aquella conversación con Jara y Sedal.
El llamativo pelaje de Bécquer hacía que pasara mucho menos inadvertido que cualquier otro corzo. El animal tenía leucismo, una alteración genética que provoca una pérdida de pigmentación y explica la coloración blanca de su capa. Aquella característica, que lo había convertido en un ejemplar extraordinario, también reducía considerablemente su capacidad para camuflarse.
A pesar de ello, el macho aprendió a desenvolverse en libertad. Su área de campeo era amplia y cambiaba según el momento del año, aunque los miembros de la sociedad continuaban pendientes de sus movimientos. «Cambia de lugar dependiendo de la época del año, pero lo tenemos controlado los doce meses», detallaba entonces su presidente.
«No lo vamos a cazar nunca»
En 2021, cuando Bécquer ya era un joven macho, la decisión de los cazadores seguía siendo tan firme como el primer día. «Ahora tiene tres años de vida, pero no lo vamos a cazar nunca», aseguró a esta revista el responsable de la sociedad. El corzo había terminado convirtiéndose en un animal muy querido por los socios. No solo por la rareza de su pelaje, sino también por la sensación que producía encontrárselo en el campo. «Es algo impresionante y muy bonito. Da una tremenda sensación verlo», relató el presidente.
Con el tiempo, Bécquer dejó de ser aquel pequeño corcino blanco descubierto en 2019 y alcanzó la edad adulta. Desde Moncayolife regresaron periódicamente a la zona para seguir sus pasos y fotografiarlo. En una de esas ocasiones fue visto junto a otro macho de edad similar, después de haberse desplazado unos dos kilómetros desde el lugar de su primer avistamiento.
Una enfermedad acaba con su vida a los siete años
Durante los últimos meses, quienes seguían al animal comenzaron a detectar que algo no marchaba bien. Finalmente, según la información publicada por Soria Noticias, una enfermedad ha acabado con su vida a los siete años, aunque no han trascendido más detalles sobre la dolencia.
«No pensamos que fuera a vivir tanto», han reconocido desde Moncayolife. Su supervivencia resulta especialmente llamativa por la ausencia de camuflaje con la que tuvo que enfrentarse al monte desde su nacimiento.
Bécquer ya no volverá a aparecer entre los robles sorianos. Sin embargo, detrás de sus siete años en libertad queda también la historia de una sociedad de cazadores que decidió protegerlo, ocultar su paradero y cumplir hasta el final aquel pacto alcanzado cuando todavía era pequeño: no abatirlo nunca.








