En pleno invierno, cuando el clima en la montaña aprieta, la fauna se mueve más de lo habitual buscando comida fácil y, sobre todo, minerales. Eso es lo que parece esconder el vídeo publicado en TikTok por el perfil @maeledica, grabado en Velilla del Río Carrión (Palencia), donde puede verse a un grupo numeroso de ciervos cruzando y deteniéndose en plena calzada.
Las imágenes son llamativas por la cantidad de animales y por su tranquilidad. No van a la carrera ni se dispersan al instante: se quedan, avanzan en bloque y, en algunos momentos, incluso parece que se entretienen en el propio asfalto, como si hubieran encontrado allí algo que merece la pena.
Y no sería la primera vez que ocurre en esa zona. De hecho, la escena recuerda mucho a otra que ya compartimos en Jara y Sedal hace unas semanas: la de decenas de rebecos concentrados en una carretera, en lo que algunos bautizaron como ‘el paraíso de los rebecos’.
La sal del asfalto: un imán para los ungulados
Todo apunta a que la explicación podría ser la misma: la sal que se esparce en las carreteras durante el invierno —y en algunos puntos incluso antes— para evitar la formación de hielo.
Ese gesto, imprescindible para la seguridad vial, se convierte en una auténtica tentación para numerosos herbívoros. Los ungulados, como ciervos, corzos, rebecos o cabras monteses, necesitan un aporte regular de minerales, y no siempre lo encuentran en el monte cuando escasea el alimento o el terreno está cubierto por nieve.
En esas condiciones, cualquier suplemento resulta valioso. La sal, además, suele quedar concentrada en las zonas más transitadas, donde el firme se mantiene algo más limpio y accesible, lo que hace que muchos animales bajen hasta la carretera sin pensárselo demasiado.
La consecuencia es evidente: carreteras ocupadas por fauna en momentos en los que el conductor, por visibilidad, curvas o falta de luz, lo tiene más difícil para reaccionar.
@maeledica ♬ 原聲 – healingbobbi
Un riesgo real para conductores y animales
Más allá de lo espectacular del vídeo, lo preocupante es lo rápido que una escena así puede acabar mal. Una pelota de cérvidos cruzando tras una curva, en un tramo húmedo o con posibles placas, no deja margen. Y un ciervo adulto no es un animal pequeño: un impacto puede provocar daños muy graves.
Además, cuando los animales se acostumbran a esa fuente de sal, el problema puede repetirse durante días, sobre todo si se trata de una zona de paso habitual.
Por eso, si circulas por carreteras de montaña en invierno, conviene extremar la precaución, moderar la velocidad en zonas abiertas y estar atento a los márgenes. A veces el primer animal se esquiva… pero el grupo viene detrás.








