Las monterías forman parte del ADN del mundo rural español. Mucho antes de la mecanización del campo o de la gestión cinegética moderna, ya reunían a cazadores, rehaleros y guardas en torno a una práctica que combinaba tradición, estrategia y convivencia. Un documental de Televisión Española muestra con detalle cómo se desarrollaban estas jornadas hace ocho décadas.

A través de imágenes históricas, el reportaje permite entender no solo cómo se organizaban aquellas batidas, sino también el papel que jugaban en la vida social de la época. La montería no era únicamente una actividad cinegética, sino un evento que reunía a decenas de personas en torno a un mismo territorio.

En el documental se aprecia la llegada de los participantes al coto, la distribución de los puestos y el papel fundamental de las rehalas, imprescindibles para mover las reses. Los protagonistas eran, como hoy, especies como el jabalí y el ciervo, aunque en épocas anteriores también tuvieron presencia el lobo o el oso.

Una tradición con siglos de historia

La montería tiene raíces profundas en España, con referencias que se remontan a la Edad Media. Sin embargo, fue a mediados del siglo XX cuando experimentó un notable auge. Las fincas, tanto públicas como privadas, acogían grandes concentraciones de cazadores en jornadas que podían reunir a numerosos participantes y medios.

A diferencia de la actualidad, donde la organización está mucho más reglada, aquellas monterías tenían un componente más espontáneo, aunque igualmente estructurado. Cada montero ocupaba su puesto asignado mientras los perros trabajaban el monte para levantar las piezas.

El documental muestra con claridad ese equilibrio entre tradición y técnica. La figura del guía, el conocimiento del terreno y la coordinación entre participantes eran claves para el desarrollo de la jornada. Todo ello en un contexto en el que la actividad estaba profundamente ligada al entorno rural.

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Más que una actividad cinegética

Uno de los aspectos más interesantes que recoge el reportaje es el carácter social de la montería. Con el paso del tiempo, estas jornadas se convirtieron en auténticos encuentros donde se compartían experiencias, historias y tradiciones.

Además, su influencia trascendió lo meramente cinegético. La montería dejó huella en la literatura, la pintura y el cine, convirtiéndose en un elemento recurrente en la representación del mundo rural español. No es casual que Televisión Española dedicara parte de su programación a documentar estas escenas.

Hoy, reconocida como Bien de Interés Cultural en regiones como Extremadura y Andalucía, la montería sigue siendo una de las modalidades más emblemáticas. Este tipo de documentos audiovisuales permiten entender su evolución y el peso que ha tenido en la historia reciente.

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