La perdiz roja (Alectoris rufa) es una de las especies más emblemáticas de la fauna ibérica. Su presencia abarca prácticamente toda la península, con una distribución especialmente ligada a ambientes agrícolas y zonas abiertas. Sin embargo, los datos recopilados por el MITECO hace años evidenciaban una realidad preocupante: su abundancia ya no era la que fue y su evolución poblacional apunta a un descenso difícil de encarar.

A escala mundial, se trata de una especie mediterránea propia del suroeste de Europa. En España, según estimaciones recogidas en estudios europeos, su población llegó a situarse en torno a los 2,2 millones de parejas, con la gran mayoría concentrada en nuestro país. A pesar de estas cifras, los expertos advertían de un declive generalizado, especialmente acusado desde la década de 1980.

Su distribución actual dibuja un mapa casi continuo en la península, aunque con vacíos cada vez más evidentes en determinadas regiones. En Baleares también está presente, mientras que en Canarias su presencia es puntual y probablemente fruto de introducciones.

Una especie ligada al campo… cada vez más transformado

El hábitat de la perdiz roja está íntimamente ligado a los paisajes agrícolas tradicionales. Prefiere zonas abiertas con cultivos, linderos y mosaicos de vegetación que le proporcionan alimento y refugio. Sin embargo, ese modelo de campo está desapareciendo.

Premio Sociedad de Cazadores de Almargen
© FAC

La intensificación agrícola, con la eliminación de márgenes y barbechos, ha reducido drásticamente los espacios donde la especie puede prosperar. A ello se suma el abandono rural en otras zonas, que favorece la matorralización del terreno y altera el equilibrio del ecosistema.

Este doble proceso —intensificación por un lado y abandono por otro— ha generado una pérdida progresiva de hábitats óptimos. En consecuencia, muchas poblaciones locales han desaparecido o han quedado aisladas, dificultando su recuperación natural.

Además, la especie muestra una clara preferencia por altitudes medias y bajas, siendo rara por encima de los 1.500 metros. Esto limita aún más sus posibilidades en un contexto de cambios ambientales y transformación del territorio.

Gestión, enfermedades y presión humana

Uno de los factores más determinantes en la evolución de la perdiz roja es la gestión cinegética. En algunos casos la introducción de perdices de granja, en ocasiones híbridas con otras especies como la perdiz griega, supuso hace años un problema añadido. Estas prácticas podrían favorecer la pérdida de pureza genética y la propagación de enfermedades. Afortunadamente, cada vez son más los cotos que se preocupan por gestionar adecuadamente sus poblaciones y conseguir así un repunte de sus efectivos.

Por contra, podríamos citar también el aumento de depredadores generalistas y la transformación del paisaje que favorece su expansión. Zorros, córvidos o incluso ungulados como el jabalí influyen en el éxito reproductor de la especie.

En el hábitat perfecto para la perdiz roja se entremezclan campos de cereal y leguminosas, cultivos leñosos, eriales, linderos y arroyos.

Un futuro que depende de cómo se gestione el campo

Pese a este escenario, los expertos coinciden en que la perdiz roja aún tiene margen de recuperación si se adoptan las medidas adecuadas. La clave pasa por recuperar el modelo de campo tradicional, con mayor heterogeneidad del paisaje, presencia de linderos y reducción del uso de fitosanitarios.

En contraste con esta tendencia general, existen ejemplos esperanzadores que demuestran que la recuperación de la perdiz roja es posible cuando se aplican medidas adecuadas. Uno de los casos más citados es el de Almargen (Málaga), donde la gestión del hábitat y el control de la presión han permitido mejorar notablemente las poblaciones.

En este municipio andaluz, la apuesta por la agricultura compatible con la fauna, la recuperación de linderos y una presión cinegética ajustada han favorecido el asentamiento de la especie. Los resultados evidencian que, cuando se actúa sobre el territorio y no solo sobre las capturas, la perdiz responde de forma positiva.

En la misma línea, los cotos integrados en el proyecto RUFA están demostrando que una gestión técnica, basada en datos y en la mejora del hábitat, puede revertir el declive. Estos modelos se perfilan como una referencia clara para el futuro de la especie en España.

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