El embalse de Sierra Brava vuelve a colocarse en el mapa de la gran pesca continental tras la captura de un lucio de dimensiones excepcionales. Ocurrió el pasado 14 de octubre de 2025 y el protagonista es un pescador con décadas de experiencia que llevaba toda una vida persiguiendo un pez así, desde la orilla y en aguas extremeñas.

La jornada formaba parte de un viaje de dos días al embalse cacereño, un escenario bien conocido por los aficionados al lucio por su potencial para albergar grandes ejemplares. Durante esas dos jornadas hubo varias capturas destacadas, con peces que superaron los cinco y seis kilos, pero uno terminó eclipsándolo todo.

El protagonista es David Aldana Gil, tiene 44 años, reside en Badajoz capital y lleva pescando desde los siete. Ha practicado numerosas modalidades, desde la carpa y el barbo hasta el black bass, siempre con una caña en la mano y con una herencia familiar muy marcada ligada al río Guadiana, donde la pesca fue primero una forma de subsistencia y después una afición.

Un pez perseguido durante toda una vida

La captura llegó tras una jornada con varias picadas menores, cuando el pescador decidió insistir desde la orilla con un swing bait de vinilo de grandes dimensiones, una elección clave para seleccionar peces de gran porte. Fue entonces cuando apareció el lucio que llevaba décadas imaginando.

Se trataba de una hembra de enorme tamaño, que alcanzó los 132 centímetros de longitud y un peso de 17,2 kilos. Un ejemplar excepcional incluso para un embalse como Sierra Brava, conocido por la calidad de sus poblaciones de lucio.

El propio pescador resume bien lo que supone enfrentarse a esta especie con una frase que no necesita adornos: «La pesca de esta especie requiere mucha paciencia ya que un día sin una picada te puede dar el lucio de tu sesión o de tu vida como fue mi caso».

David muestra orgulloso el gran lucio. © D. A.

Pesca desde orilla y máximo cuidado con el pez

La captura se realizó íntegramente desde orilla, un detalle que añade aún más mérito al lance. Tras sacarlo del agua, el pescador actuó con rapidez para minimizar el estrés del animal, consciente de la fragilidad de estos grandes depredadores.

Solo hizo un par de fotografías, lo imprescindible para inmortalizar el momento y cuidar lo máximo al animal.

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