Durante décadas fueron dos símbolos de la fauna ibérica en retroceso. El lince estuvo al borde de la desaparición y el lobo fue desapareciendo de amplias zonas del país hasta quedar prácticamente relegado al cuadrante noroeste. Sin embargo, los últimos datos oficiales del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) dibujan un escenario muy diferente: ambas especies continúan recuperando terreno y vuelven a estar presentes, cada una a su manera, en buena parte del territorio español.
Los datos más recientes muestran dos tendencias paralelas. Por un lado, el lince ibérico ha alcanzado en 2025 su mayor población desde que existen registros coordinados, con 2.663 ejemplares censados entre España y Portugal. Por otro, el lobo ibérico suma ya 333 manadas en España, un 12 % más que en el anterior censo nacional realizado entre 2012 y 2014.
Aunque ambas especies presentan distribuciones muy distintas, la fotografía conjunta revela un fenómeno llamativo: mientras el lobo sigue dominando el norte y avanza lentamente hacia el centro y el sur, el lince se expande desde sus núcleos históricos del sur peninsular hacia nuevos territorios donde llevaba décadas ausente.
El lince alcanza cifras nunca vistas
La recuperación del lince ibérico sigue sorprendiendo incluso a quienes llevan años trabajando en su conservación. El censo de 2025 contabilizó 2.663 ejemplares, frente a los 2.401 registrados en 2024. El incremento anual es del 10,9 %, con 262 individuos más, y la población prácticamente se ha duplicado en apenas cuatro años.

La especie ha pasado de menos de 100 ejemplares censados en 2002 a superar ampliamente los 2.600 en la actualidad. Se trata de uno de los programas de recuperación de fauna amenazada más exitosos desarrollados en Europa. Castilla-La Mancha se ha convertido en el principal bastión de la especie con 1.051 linces, seguida de Andalucía con 885. Entre ambas comunidades albergan más del 85 % de la población española. Sierra Morena continúa siendo el gran núcleo lincero de la península, con 1.145 ejemplares repartidos entre Andalucía y Castilla-La Mancha.
La expansión también alcanza territorios donde la presencia del felino era impensable hace pocos años. En Extremadura se censaron 302 ejemplares, mientras que en Murcia se registraron 19. Además, Castilla y León ya cuenta con 11 linces gracias al proyecto de reintroducción iniciado en el Cerrato palentino, y Madrid mantiene un ejemplar asentado en el este de la comunidad. El crecimiento demográfico también se refleja en la reproducción. En 2025 se contabilizaron 542 hembras territoriales o reproductoras, 72 más que el año anterior, y nacieron 952 cachorros.

El lobo consolida su expansión
Mientras el lince avanza desde el sur, el lobo continúa reforzando su presencia en el norte peninsular y expandiéndose hacia nuevas áreas. El segundo censo nacional coordinado del lobo, desarrollado entre 2021 y 2024, localizó 333 manadas reproductoras, frente a las 297 registradas una década antes. El crecimiento es moderado, pero confirma una tendencia positiva tanto en número de grupos como en superficie ocupada.

Castilla y León, Galicia, Asturias y Cantabria siguen concentrando la mayor parte de la población nacional. Sin embargo, el censo detecta avances en territorios donde históricamente la especie tenía una presencia testimonial. País Vasco, La Rioja, Madrid, Castilla-La Mancha y Extremadura aparecen ya como zonas de expansión.
Uno de los datos más destacados es la detección en 2024 de una manada reproductora en Extremadura, algo que no ocurría desde hacía décadas. En cambio, Aragón y Cataluña siguen sin albergar grupos estables, aunque sí se ha constatado la presencia esporádica de ejemplares dispersantes. Los técnicos consideran que la situación actual del lobo es estable, con una expansión especialmente visible en los límites oriental y meridional de su área histórica de distribución.

Dos recuperaciones con retos pendientes
Pese a los buenos resultados, ninguna de las dos especies puede considerarse libre de amenazas. En el caso del lince, la principal causa de mortalidad sigue siendo el atropello. Durante 2025 se registraron 273 muertes de ejemplares y 212 de ellas estuvieron relacionadas con infraestructuras viarias, lo que representa cerca del 78 % de todas las bajas detectadas.
El lobo, por su parte, afronta un escenario marcado por el debate sobre su gestión. Aunque el censo se realizó durante el periodo en que la especie disfrutó de protección especial en toda España, varias comunidades autónomas ya han anunciado su intención de retomar controles poblacionales tras los recientes cambios normativos. Cantabria, Asturias, Galicia, La Rioja y Castilla y León figuran entre las regiones que han planteado diferentes medidas de extracción.
Un mapa cada vez más completo
La imagen que dejan ambos censos es la de una España donde las dos especies más emblemáticas de la fauna salvaje ibérica vuelven a ocupar espacios que habían perdido durante décadas. El lobo mantiene su fortaleza en el norte y avanza lentamente hacia el centro y el oeste peninsular. El lince, por su parte, sigue expandiéndose desde Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura hacia nuevos territorios como Castilla y León o Aragón.
Entre ambos dibujan un mapa de presencia que vuelve a conectar buena parte de la geografía española con dos de sus grandes depredadores históricos. Si bien la recuperación está lejos de haberse completado, los datos oficiales muestran una realidad que parecía imposible hace apenas unas décadas: el lince ibérico y el lobo vuelven a estar presentes en gran parte de España y continúan ganando terreno año tras año.







