Con el fin de la temporada de caza, llega también uno de esos momentos que muchos dejan para más tarde: la limpieza del arma. Sin embargo, dedicarle unos minutos puede marcar la diferencia entre conservar una escopeta como nueva o encontrarse con óxido y suciedad incrustada cuando vuelva a tocar sacarla del armero. Y lo mejor es que no hace falta disponer de un kit profesional para hacerlo bien.
En el siguiente vídeo Juan Conde, de Armería Nieremberg, deja claro que la limpieza no tiene por qué convertirse en un proceso complicado ni caro. De hecho, se puede hacer con herramientas tan comunes como alicates, destornillador, martillo, un bote de aceite multiusos, un trapo o una simple baqueta, además de otros elementos cotidianos que suelen acabar en el cajón del baño.
El objetivo es sencillo: eliminar restos de suciedad, combatir la humedad y dejar el arma protegida para evitar la corrosión durante los meses en los que permanecerá guardada.
Lana de acero y aceite para eliminar el óxido
Uno de los primeros pasos que enseña el armero es el uso de lana de acero muy fina para retirar el óxido superficial, especialmente el que aparece tras jornadas de lluvia o ambientes húmedos. Eso sí, advierte que hay que elegir bien el tipo de lana para no dañar el acabado del arma.
«Hay que tener cuidado para que no sea demasiado abrasiva», explica mientras aplica aceite y frota con suavidad para retirar esa primera capa de óxido que se genera cuando el acero está en contacto con la humedad.
Con este gesto, insiste, se puede evitar que la corrosión avance y termine dañando piezas sensibles. Un mantenimiento mínimo en este punto puede alargar durante años la vida útil de cualquier arma, sobre todo si se guarda durante largos periodos sin uso.
Además, el empleo de un aceite multiusos permite crear una película protectora que actúa como barrera frente a la humedad ambiental, uno de los grandes enemigos del metal.
Cepillo de dientes, bastoncillos y papel de cocina
El siguiente protagonista del vídeo es un objeto tan común como inesperado: el cepillo de dientes. Conde lo utiliza para llegar a rincones pequeños donde otros cepillos más grandes no entran, como juntas, recovecos o zonas cercanas al cierre.
«No tires tus viejos cepillos de dientes», aconseja. Y añade que este artilugio resulta especialmente práctico tanto en escopetas como en rifles, donde siempre hay zonas complicadas que acumulan suciedad.
Para completar la tarea, recurre a los bastoncillos, que permiten limpiar puntos aún más estrechos y retirar restos de grasa o polvo de zonas delicadas. Finalmente, usa papel de cocina para secar, repasar y dejar el conjunto listo.
El armero también muestra cómo puede emplearse el rollo de cocina para limpiar el interior de los cañones en determinados casos: «Es una solución muy práctica para cañones pequeños» para los que no existe baqueta, explica el experto.
Un truco simple, barato y al alcance de cualquiera, con el que el arma puede quedar lista para pasar meses guardada sin sorpresas desagradables.









