La liebre ibérica (Lepus granatensis), uno de los mamíferos más emblemáticos de nuestros campos, atraviesa una situación compleja. Aunque su distribución sigue siendo amplia en la Península, los expertos advierten de importantes altibajos poblacionales que obligan a mimar sus poblaciones.

Se trata de una especie endémica cuya relevancia ecológica va mucho más allá de su tamaño. Según recoge el Atlas y Libro Rojo de los Mamíferos Terrestres en España, su papel como presa es clave para grandes depredadores como el lince ibérico o el águila imperial, lo que convierte su conservación en una cuestión estratégica. A pesar de esta importancia, la realidad es desigual. Mientras en algunas zonas su presencia se desploma, en otras aún resiste con cifras sorprendentes.

El último gran refugio de la liebre ibérica

En una época donde parece haber desaparecido en zonas tradicionalmente buenas para la liebre, hay un lugar donde la especie parece alcanzar su máximo esplendor: la Vera del Parque Nacional de Doñana. En este ecotono entre marisma y monte se han registrado densidades de hasta 196 ejemplares por kilómetro cuadrado, el mayor dato documentado en España.

Orden de vedas de caza de Andalucía 2025-2026
Liebre. © Shutterstock

Este entorno, con abundancia de alimento y refugio, demuestra el enorme potencial reproductivo de la especie cuando las condiciones son óptimas. La liebre, que puede criar durante todo el año con picos entre febrero y junio, encuentra aquí un equilibrio casi perfecto. Lamentablemente, estos números contrastan con otras zonas agrícolas donde sus poblaciones han mermado. En cultivos de cereal en León, por ejemplo, la densidad puede caer hasta los 22 individuos por km², mientras que en algunos olivares andaluces ronda los 80.

Enfermedades y cambios en el campo, las grandes amenazas

Uno de los golpes más duros para la liebre ibérica en los últimos años ha sido la mixomatosis, una enfermedad que históricamente afectaba solo al conejo pero que terminó saltando a esta especie. Su impacto ha sido devastador en amplias zonas donde antes era abundante.

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Liebre afectada por mixomatosis. © F. J.

Hoy, en muchos territorios apenas quedan pequeños reductos donde la enfermedad no ha llegado, al menos de momento. Estos núcleos podrían ser clave para que la especie vuelva a recuperarse en el futuro. A ello se suma la intensificación agrícola, la desaparición de linderos y la pérdida de matorral, que dejan a las liebres sin refugio frente a depredadores. Sin cobertura vegetal, los lebratos quedan especialmente expuestos. El resultado es una presión constante que ha reducido significativamente las poblaciones en buena parte del país.

La gestión cinegética, clave para su recuperación

Frente a este escenario, el sector cinegético está jugando un papel determinante. En muchas zonas tradicionalmente destacadas para la liebre, incluso con gran arraigo de caza con galgos, se han adoptado medidas drásticas. Los cazadores han impuesto cupos estrictos e incluso se ha optado por dejar de cazar la especie en muchos cotos. Una decisión difícil, pero necesaria, que busca dar el respiro que la liebre necesita para recuperarse.

Además, desde las administraciones se insiste en la necesidad de crear linderos y mejorar el hábitat, medidas que favorecen tanto su supervivencia como su reproducción. Porque, aunque la liebre ibérica sigue siendo una especie ampliamente distribuida, su futuro solo estará garantizado allá donde se cuiden. Y de las decisiones que se tomen hoy dependerá que siga siendo protagonista de nuestros campos mañana.

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