El comienzo del año ha dejado una de esas historias que cualquier aficionado a la caza mayor sueña con poder vivir algún día. Un cazador salmantino logró abatir el pasado 3 de enero un jabalí (Sus scrofa) de 155 kilos, un animal de dimensiones extraordinarias que lo sitúan entre los mayores cobrados en nuestro país.
La acción tuvo lugar durante una espera nocturna en una finca situada en el término municipal de Valverde, en la provincia de Salamanca, un escenario bien conocido por la presencia de jabalíes, pero donde no es habitual encontrarse con un ejemplar de este tamaño.
Una espera nocturna marcada por la tensión
Según ha relatado a Jara y Sedal el propio cazador, Asier García Hernández, el momento en el que el jabalí apareció en la escena fue difícil de asimilar. El animal entró extremadamente receloso, atento a cualquier ruido u olor extraño, avanzando con la cautela propia de los grandes cochinos viejos que han sobrevivido durante años en el monte.

Tal y como narra el cazador, se trataba de un viejo y hábil macareno. Uno de esos enormes jabalíes conocidos como vakamulos que alcanzan gran tamaño y edad precisamente por su inteligencia y capacidad de esquivar a los cazadores. A buen seguro sus estrategias le sirvieron para sortear a muchos cazadores, hasta que la habilidad del protagonista de esta noticia le ganó la partida.
Un peso fuera de lo común
Tras la caza, el animal fue pesado, confirmando lo que a simple vista ya parecía evidente: 155 kilos, una cifra al alcance de muy pocos ejemplares en la Península Ibérica. Se trata de un peso excepcional incluso para zonas con alta densidad de jabalíes y buena calidad alimenticia, como ocurre en algunos cotos salmantinos.
Por sus características y dimensiones, el trofeo podría ser homologado como medalla de oro, a la espera de una valoración oficial, lo que subrayaría aún más el carácter extraordinario de la captura.

Experiencia, astucia y una pizca de suerte
El propio Asier García Hernández reconoce que, además del conocimiento del terreno y del comportamiento del jabalí, la suerte también fue determinante. En la caza en espera nocturna influyen numerosos factores —viento, silencio, colocación y horarios— y no siempre un gran animal decide aparecer.
En este caso, la combinación de paciencia, experiencia y astucia, tanto del cazador como del propio jabalí, terminó inclinando la balanza. El resultado fue una captura que quedará para siempre en la memoria de su protagonista y que vuelve a poner a Salamanca en el mapa de los grandes jabalíes cazados en España.








