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Un agricultor de Valencia inventa un efectivo truco casero para evitar que los jabalíes se coman sus melones usando un mallazo

Un agricultor español perdió toda su cosecha de melones por los jabalíes. Al año siguiente probó algo tan sencillo con efectivo.

El problema no es nuevo ni aislado. Juan Manuel Martínez Andrés, agricultor y creador de contenido valenciano con más de 84.000 suscriptores en su canal de YouTube (@juanmanuelmartinezandres), lo resume sin rodeos mientras enseña su parcela: «Esta zona está llena, está infectada de jabalíes». Dos temporadas atrás, los suidos le arrasaron el melonar entero. «Hace dos años se los comieron todos los jabalíes», recuerda. Fue el detonante para buscar una solución que no implicara levantar una valla cara ni esperar a que alguien viniera a resolver el problema por él.

La respuesta que encontró es tan práctica como barata: mallazo de obra tumbado directamente sobre el suelo, formando un cinturón alrededor del cultivo. Las piezas de malla metálica rígida se distribuyen en los extremos y laterales de la plantación, de manera que cualquier animal que intente acceder tendría que caminar sobre los hierros. Ahí está la clave, según explica el propio agricultor: los jabalíes evitan pisar esa superficie irregular y desisten de entrar. «Se queda un cerco y los animales no pasan por encima de los hierros», detalla en el vídeo. El resultado, al menos en su parcela, fue contundente: «El año pasado pusimos el mallazo y ya no tocaron ninguno».

Cómo funciona y por qué los jabalíes lo evitan

La lógica del sistema no es complicada. El jabalí es un animal cauteloso con el terreno que pisa: una superficie metálica irregular, que cede ligeramente y produce ruido al contacto, genera suficiente incomodidad para que el animal prefiera rodear la zona antes que cruzarla. No es un vallado al uso, sino una barrera disuasoria que actúa sobre el instinto del animal sin necesidad de altura ni tensión. Martínez Andrés lo define como «el mejor sistema, más rápido y menos liante, para controlar la plaga de los jabalíes», y la sencillez del planteamiento es precisamente lo que ha hecho que su vídeo circule entre agricultores y cuadrillas que lidian a diario con el mismo problema.

El material es el mismo que se usa en obra: paneles rígidos de acero que, colocados planos, forman una alfombra metálica. No hace falta cubrir toda la superficie del cultivo, sino los accesos naturales por los que los animales suelen entrar, prestando especial atención a esquinas, entradas de labor y puntos de menor visibilidad. La continuidad del perímetro es importante: un hueco, aunque sea pequeño, puede ser suficiente para que un grupo de jabalíes lo aproveche.

Youtube video

Lo que hay que tener en cuenta antes de probarlo

El testimonio de Martínez Andrés es valioso, pero conviene tomarlo como lo que es: la experiencia de un productor en una parcela concreta, con una presión de fauna determinada y unas condiciones de terreno específicas. La eficacia puede variar según la densidad de jabalíes en la zona, la disposición del cultivo y el mantenimiento que se haga del perímetro. Quien decida probarlo debería empezar por los tramos de mayor presión, observar si hay entradas y ampliar si comprueba que el sistema es efectivo.

El mantenimiento es parte del sistema: conviene revisar la malla después de riegos, temporales o pasos de maquinaria, recolocar los paneles que se hayan movido y controlar la vegetación que pueda tapar la superficie metálica y restarle efecto disuasorio. Antes de instalar cualquier elemento en la parcela, lo prudente es consultar la normativa autonómica y municipal aplicable, comprobar si el perímetro afecta a lindes, caminos públicos, servidumbres de paso o acequias, y revisar el SIGPAC. Si la finca está dentro o en el entorno de un espacio Red Natura 2000, pueden existir condicionantes adicionales que conviene aclarar con el agente medioambiental de la zona o con el ayuntamiento.

La seguridad también importa: el mallazo debe quedar bien asentado para evitar enganches con aperos, tropiezos del personal o daños al ganado. Es recomendable señalizar los tramos cercanos a accesos y retirar el material cuando deje de ser necesario. Hay que considerar igualmente la fauna no objetivo y evitar colocar la malla en puntos donde pueda generar atrapamientos involuntarios.

Otras opciones y el papel de la gestión cinegética

El mallazo tumbado es una pieza más dentro de un conjunto de medidas que, combinadas, ofrecen mejores resultados que cualquiera de ellas por separado. Entre las opciones más habituales están el pastor eléctrico homologado, los vallados cinegéticos perimetrales y el uso de repelentes de olor o sabor, además de dispositivos luminosos o sonoros de disuasión. Cada una tiene sus costes, su mantenimiento y sus limitaciones, y sin estudios independientes comparables en la parcela concreta no es honesto prometer resultados. Lo que sí funciona en una finca puede no funcionar igual en la de al lado.

La coordinación con el titular del coto y la guardería sigue siendo una herramienta clave. La caza del jabalí, dentro de los permisos y cupos que marque cada comunidad autónoma, es la vía más eficaz para reducir la presión sobre los cultivos a medio plazo. Programar controles de daños autorizados, ajustar la gestión de atrayentes y cosechas, y vigilar los pasos habituales son acciones que complementan cualquier barrera física. El agricultor que instala mallazo y el cazador que gestiona el coto tienen, en este caso, el mismo interés: que los jabalíes no arruinen la temporada.

Si decides probar el sistema, tómalo como un experimento con seguimiento: anota qué pusiste, cuánto duró, qué daños viste antes y después. Esa información, compartida con el coto y con otros agricultores de la zona, es la que de verdad permite afinar lo que funciona sobre el terreno.

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