Una fotografía que circulaba de móvil en móvil mostrando un jabalí con unos colmillos fuera de lo normal y sobre la que apenas se sabía nada ha revolucionado en las últimas horas las redes sociales. Ahora, según ha podido saber Jara y Sedal, el animal ha sido abatido en la finca Las Barranconas, situada en la provincia de Ciudad Real.

La imagen llegó también a la redacción de Jara y Sedal cuando aún no se conocían ni el lugar exacto de la captura ni las circunstancias en las que se había producido. La magnitud del jabalí, sin embargo, apuntaba ya a un ejemplar excepcional, capaz de situarse entre los mejores jamás cazados en España.

Un jabalí extraordinario abatido en abierto

Según ha podido saber este medio, se trata de un posible récord de España de jabalí en abierto de esta temporada, abatido en la finca Las Barranconas.

La imagen que ha trascendido muestra un jabalí de colmillos descomunales, tanto por longitud como por grosor, algo extremadamente poco habitual incluso en grandes machos viejos. La forma, el desarrollo y la robustez de las defensas explican la enorme expectación generada desde el primer momento.

El animal, según se aprecia en la fotografía, presenta además el aspecto característico de un jabalí dominante, curtido tras muchos años de supervivencia en el monte.

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El papel clave de las rehalas

Según ha podido saber este medio, el animal habría sido rematado a cuchillo tras el gran trabajo de las rehalas que participaron en la montería en la que fue abatido.

El hecho de que el ejemplar haya sido abatido en abierto añade aún más valor cinegético a la captura, en un contexto en el que cada vez es más difícil dar con animales de esta categoría fuera de fincas cercadas.

Lo que comenzó como una imagen sin datos y rodeada de incógnitas se ha confirmado finalmente como una de las capturas más importantes de la temporada, con Ciudad Real como escenario y un jabalí que, salvo sorpresa, pasará a formar parte de la lista de los más grandes abatidos en España.

El silencio en torno a su procedencia no hizo sino aumentar el interés. Nadie sabía quién lo había cobrado, ni en qué punto exacto del mapa, ni siquiera si se trataba de una captura reciente. Ese vacío de información, poco habitual cuando aparecen trofeos de este calibre, alimentó todo tipo de conjeturas entre aficionados, que se limitaban a reenviar la imagen acompañada de una misma pregunta: de dónde había salido un jabalí con semejantes colmillos.

Finalmente, Jara y Sedal pudo hablar con Pablo Paduraru, el joven rehalero de 20 años que lo abatió.

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