Lo que ocurrió en la ganadería Hermanos Mangana Macías, en la provincia de Cádiz, no es una escena habitual. Un jabalí silvestre se coló en una nave de cerdos y terminó sembrando el caos entre los trabajadores, obligando a uno de ellos a subirse a la estructura metálica del recinto para evitar ser alcanzado.

Las imágenes, compartidas en redes sociales por esta empresa familiar dedicada a la elaboración de productos artesanales, muestran al animal embistiendo con insistencia dentro del recinto. Una situación peligrosa por el ataque en sí, pero también por todo lo que implica cuando un jabalí entra en contacto directo con animales domésticos en una explotación.

Un riesgo real para los trabajadores y para la sanidad del ganado

Más allá del susto y del peligro evidente para el empleado que aparece en las imágenes, el ganadero insiste en que lo que más les preocupa es el escenario sanitario que se abre cuando un jabalí campa dentro de una instalación con animales de producción.

En un momento en el que muchos ganaderos intentan por todos los medios que la fauna silvestre no se acerque a sus explotaciones, ver a un suido salvaje comiendo, moviéndose y atacando en el interior de una nave pone el foco sobre una amenaza que va más allá de los daños materiales.

Además, el episodio no fue algo puntual, sino la señal de una rutina que se está volviendo insoportable para quienes viven del campo en esa zona. El jabalí no solo entró, sino que volvió, y lo hizo con una facilidad que demuestra hasta qué punto estos animales se han adaptado a buscar alimento donde sea.

«Mató a tres cabritos» y regresó al día siguiente

El responsable de Hermanos Mangana Macías relata que los cerdos estaban en el campo cebándose, pero que el mal tiempo les obligó a llevarlos a las naves. Fue entonces cuando el jabalí apareció en escena y comenzó el problema.

Tras el ataque, el animal logró escapar causando destrozos, pero la historia no terminó ahí. Según explican, volvió a presentarse al día siguiente, dejando claro que no se trataba de una aparición aislada.

En su denuncia pública, el ganadero también lanza un reproche directo a quienes gestionan el control de poblaciones en el entorno, apuntando a la obligación de controlar los jabalíes independientemente de su tamaño por parte de los cazadores.

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