Arrancarse de la ciudad para buscar una vida más tranquila en el medio rural se ha convertido en un sueño compartido por miles de familias. Pero la realidad, tal y como explica Iker Ganuza Baleztena en uno de sus últimos vídeos, dista mucho del relato idílico que se repite desde hace años sobre pueblos vacíos y casas regaladas.

El creador del canal Basquecraft, con más de 700.000 suscriptores en YouTube, no habla desde la teoría. Lo hace desde la experiencia personal de quien lleva tiempo buscando una vivienda en el norte de Navarra para asentarse con su familia sin renunciar a su identidad, su entorno ni su forma de vida ligada al territorio.

Lo que plantea no es una queja aislada, sino un retrato minucioso de un mercado inmobiliario rural lleno de contradicciones, donde sobran casas vacías, pero escasean las opciones reales para vivir en ellas con seguridad jurídica y económica.

El espejismo de las casas baratas en el pueblo

Durante décadas se ha repetido la idea de que el campo necesita gente joven, familias y niños. Sin embargo, cuando alguien encaja exactamente en ese perfil y da el paso, se topa con una carrera de obstáculos difícil de superar. Precios inflados, trámites interminables y normativas que parecen pensadas para impedir, más que facilitar, la llegada de nuevos pobladores.

Iker explica que muchas de las construcciones más atractivas a primera vista, como bordas o antiguas edificaciones de piedra, no están reconocidas como viviendas, lo que impide obtener la cédula de habitabilidad. En la práctica, eso convierte el sueño de vivir en ellas en un riesgo legal permanente.

A ello se suma el problema de los grandes caseríos tradicionales. Edificios pensados para varias generaciones que hoy suponen reformas descomunales. Solo el tejado puede dispararse por encima de los 100.000 euros y, si se quiere legalizar la vivienda, la normativa obliga a rehabilitar todo el inmueble, aunque solo se vaya a habitar una parte.

Reformar, pagar… y volver a reformar

La opción de comprar una casa ya reformada tampoco es la solución mágica. En muchos casos, estas viviendas alcanzan cifras que oscilan entre los 400.000 y el millón de euros, con distribuciones y acabados que no encajan en las necesidades de quien busca una vida sencilla en el campo.

Comprar caro para después volver a invertir en reformas es una realidad que el vídeo expone sin adornos. A eso se suman los anuncios engañosos, que ocultan elementos clave como uralita, carreteras muy transitadas o instalaciones molestas en el entorno inmediato.

El propio Iker insiste en la importancia de investigar más allá de las fotos, apoyarse en herramientas como Google Maps y, sobre todo, hablar con la gente del pueblo antes de tomar decisiones que condicionan toda una vida.

YouTube video

Un problema que va más allá de una vivienda

El vídeo abre también un debate de fondo sobre la despoblación rural. Marcharse a otras regiones o incluso a otros países donde el acceso a la vivienda es más sencillo es una opción real, pero no siempre deseable. Para muchos, quedarse cerca de la familia, la lengua y las raíces tiene un valor incalculable.

Lejos de rendirse, el mensaje final es claro: el sistema no lo pone fácil, pero merece la pena seguir intentándolo. No desde la ingenuidad, sino desde la información, la paciencia y el conocimiento del terreno.

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