Los conocimientos adquiridos después de toda una vida trabajando la tierra siguen despertando un enorme interés en las redes sociales. Así lo demuestra uno de los últimos vídeos compartidos por La Granja de Dani, una cuenta dedicada a mostrar labores agrícolas, cultivos tradicionales y consejos prácticos para quienes mantienen su propio huerto.
En las imágenes, Dani pregunta a su abuelo por la denominada «peseta» del tomate, un problema que se manifiesta mediante una mancha oscura y hundida en la parte inferior del fruto. El veterano agricultor responde mientras recorre unas tomateras cargadas de piezas de gran tamaño, algunas de las cuales, según asegura, superan el kilo.
Yeso o cal cuando la tierra necesita calcio
El protagonista comienza explicando que, cuando detecta que el terreno está falto de calcio, incorpora este elemento antes de realizar la plantación. «Era echarle al terreno yeso en polvo, como si fuera abono, o cal de obra. Se echa y se ara y ya luego se siembra», relata.
Sin embargo, en el bancal que muestra durante la grabación no ha necesitado aplicar ninguno de estos productos. «Lo único que yo le eché fue cuando aré, estiércol, porque esta tierra no está falta de calcio», aclara mientras enseña varios tomates completamente sanos.
También recomienda realizar un análisis del suelo para conocer sus características antes de añadir cualquier corrector. Esta comprobación resulta especialmente importante, pues la «peseta», conocida técnicamente como podredumbre apical, no siempre significa que la tierra carezca de calcio. También puede aparecer cuando la planta no logra absorberlo correctamente debido a un riego irregular, periodos de sequedad, exceso de sales o daños en las raíces.
Por este motivo, la aplicación de yeso o enmiendas cálcicas debe realizarse atendiendo a las necesidades reales del terreno. La cal de construcción, además, no debería incorporarse de manera indiscriminada, ya que puede modificar considerablemente el pH del suelo.
Estiércol de caballo y cuidados semanales
Para mantener la fertilidad de la parcela, el agricultor utiliza principalmente estiércol de caballo. «Normalmente yo le echo estiércol cuando voy a sembrar», señala antes de mostrar orgulloso uno de sus mejores frutos: «Un tomate que supera un kilo».
El cuidado de las plantas continúa durante todo el ciclo. Según explica, cada domingo recorre el cultivo con una mochila para aplicar un preparado de aceite de neem y jabón orgánico, con el que trata de proteger las tomateras frente a plagas como la tuta y el pulgón.
El resultado puede verse en las propias imágenes: plantas cargadas y numerosos tomates de gran tamaño. «¿Esto no es una alegría verlo así? Yo para mí es un orgullo», afirma el experto agricultor.
Pese a la abundancia de la cosecha, no cultiva con intención de obtener un beneficio económico. «Yo tomates no vendo ni uno. Yo para mi familia y, los que no, a los amigos», concluye, resumiendo una forma de entender el huerto basada en el trabajo, el autoconsumo y el placer de compartir lo recogido.








