La pesca de altura nos regala a veces historias que parecen sacadas de una novela de aventuras, donde el azar y la profesionalidad de nuestras tripulaciones se dan la mano para ofrecer datos inestimables a la ciencia. Esta semana, el sector pesquero español ha vuelto a demostrar que es el mejor aliado de la sostenibilidad y el conocimiento de nuestros mares. La noticia, adelantada por La Voz de Galicia, narra un encuentro fortuito en mitad de la inmensidad del Atlántico que ha dejado boquiabiertos a los expertos de la Comisión Internacional de Conservación del Atún Atlántico (Iccat).
El curioso hallazgo en aguas ecuatoriales
La travesía del palangrero de superficie Escualo Cuatro, propiedad de armadores de Celeiro y con base en A Coruña, transcurría con la normalidad propia de la campaña en el área ecuatorial hasta que el pasado 30 de marzo un ejemplar de atún patudo (Thunnus obessus) subió a bordo. Al cobrar la pieza, la tripulación no tardó en percatarse de un detalle extraordinario que destacaba sobre el lomo del túnido: una etiqueta roja perfectamente anclada en la base de su segunda aleta dorsal. Este pequeño distintivo plástico es mucho más que una marca; es la llave para entender los movimientos de una especie que recorre miles de millas cada año.
El animal fue capturado a unos 1.600 kilómetros de la costa de Liberia y a una distancia similar de Brasil. Lo verdaderamente asombroso del caso es que este ejemplar portaba la marca desde agosto del año 2016, cuando fue liberado en aguas del archipiélago de Cabo Verde. Tras casi diez años surcando el Atlántico, el destino quiso que terminara en los anzuelos de un buque gallego, permitiendo así cerrar un ciclo de investigación que comenzó hace una década dentro de un ambicioso programa de marcado internacional.

La importancia de este ejemplar radica en su supervivencia y en la calidad de la información que porta. El color rojo del distintivo indica que el pez ha sido objeto de un marcado químico o cuenta con una etiqueta electrónica interna. «Un ejemplo claro de cómo la colaboración entre el sector pesquero y la ciencia impulsa una gestión más sostenible de nuestros recursos marinos», han señalado fuentes del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación al valorar la profesionalidad de los pescadores españoles en este proceso de recuperación de datos.
Un tesoro biológico para el Instituto Español de Oceanografía
Nada más producirse la captura, la armadora Mazaido y la tripulación del Escualo Cuatro actuaron con una diligencia ejemplar, garantizando la preservación del ejemplar para su posterior estudio. El atún ha sido donado íntegramente a la ciencia y se espera que en los próximos días llegue al puerto de Vigo. Allí, los investigadores del Centro Oceanográfico del IEO realizarán una necropsia detallada y analizarán los dispositivos para extraer toda la información acumulada durante estos diez años de vida en libertad.

Desde Opnapa, la organización de productores a la que está vinculado el buque, no han dudado en calificar este suceso como un «hito histórico». El agradecimiento hacia los marineros es total, pues su pericia al detectar la etiqueta y su compromiso al informar del hallazgo permiten que la inversión en investigación dé sus frutos. Este patudo formaba parte de un grupo de más de 25.000 ejemplares etiquetados entre 2016 y 2021, una labor titánica cofinanciada por la Unión Europea que busca entender mejor el crecimiento y la migración de estos gigantes de plata.
Los científicos recalcan que obtener datos de un animal que ha portado una marca durante tanto tiempo es extremadamente difícil, ya que la mortalidad natural y la presión pesquera suelen truncar estos seguimientos mucho antes. Gracias a este palangrero gallego, ahora se podrá estudiar la evolución real de la especie en libertad, comparando sus medidas actuales con las que tenía cuando apenas era un ejemplar de talla media.








