La última imagen llega desde Salamanca, donde la Guardia Civil ha destruido más de 650 armas de fuego y armas prohibidas depositadas en las distintas Intervenciones de Armas de la provincia. Con esta actuación, el número de armas eliminadas por la Benemérita en lo que va de 2026 supera ya las 5.300 unidades, una cifra que refleja la magnitud de las campañas de retirada y destrucción de armamento desarrolladas en distintos puntos del país.
Las armas destruidas en Salamanca procedían tanto de decomisos realizados en operaciones policiales y procedimientos judiciales como de entregas voluntarias efectuadas por ciudadanos. También había armas pertenecientes a personas fallecidas o a titulares que habían perdido la licencia necesaria para conservarlas legalmente.
Entre el material retirado figuraban escopetas, rifles, pistolas, revólveres, carabinas, armas blancas y otras armas prohibidas, que fueron trasladadas posteriormente a una empresa siderúrgica para proceder a su fundición y destrucción definitiva.
Más de 5.300 armas destruidas en apenas unos meses
La actuación desarrollada en Salamanca se suma a otras campañas similares llevadas a cabo durante los últimos meses en diferentes provincias españolas. Hasta ahora, la Guardia Civil había informado de la destrucción de 4.646 armas en Soria, Huesca, Cantabria, Cáceres y Huelva.
A esas cifras se añaden ahora las más de 650 armas eliminadas en Salamanca, lo que sitúa el balance provisional de 2026 en más de 5.300 armas destruidas. Se trata de una cantidad que incluye tanto armas de fuego como armas blancas, detonadoras, táseres, ballestas, arcos y otros objetos considerados peligrosos o prohibidos.
Todo ese material acaba siguiendo el mismo destino: la fundición industrial. Una vez convertidas en chatarra, las armas son retiradas definitivamente de la circulación, impidiendo que puedan volver a utilizarse o acabar en canales ilegales.
El fin de las subastas de armas
Muchas de las armas destruidas cada año proceden de particulares que deciden desprenderse de ellas o que, por distintas circunstancias administrativas, ya no pueden conservarlas. Durante décadas, una parte importante de ese material encontraba una segunda vida mediante las tradicionales subastas organizadas por la Guardia Civil.
Sin embargo, esa posibilidad desapareció tras la modificación del Reglamento de Armas aprobada en 2020. Desde entonces, las armas depositadas que no son recuperadas o transferidas legalmente terminan siendo destruidas, salvo aquellas que poseen un valor histórico, artístico o patrimonial acreditado.
Precisamente en Salamanca, la Guardia Civil ha recordado que únicamente se conservan las piezas que cuentan con ese interés histórico. El resto acaba siendo fundido como parte de las medidas de control del armamento impulsadas tanto a nivel nacional como internacional.
La actuación se enmarca dentro de las políticas de control y trazabilidad de armas impulsadas por las autoridades para evitar que material fuera de circulación pueda regresar al mercado ilegal. Un sistema que, aunque sigue generando críticas entre algunos aficionados y coleccionistas, continúa aumentando año tras año las cifras de armamento destruido en España.








