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Un guarda rural de Málaga se encuentra con un animal en serios problemas al llegar al campo en el que trabaja

Dos vídeos remitidos por Víctor Villalobos muestran a dos gatos diferentes que han capturado sendos conejos en un olivar. El guarda rural alerta del impacto que pueden causar los felinos sin control sobre la fauna silvestre.

Un guarda rural conocido como Tonino se ha encontrado en un coto de caza de Pizarra (Málaga) con una escena que evidencia uno de los problemas que afronta la fauna silvestre en determinados entornos agrícolas. En dos vídeos enviados a Jara y Sedal por Víctor Villalobos, guarda rural de caza, técnico de Medio Ambiente y director de Seguridad, aparecen dos gatos diferentes después de haber capturado cada uno un conejo.

Las imágenes fueron grabadas en momentos distintos. En una de ellas se observa a un gato de color anaranjado entre la vegetación, sujetando a un conejo. En la otra, un felino gris permanece sobre el camino a un olivar junto a otro ejemplar. Villalobos explica que también pudo contemplar a tres gatos vigilando un olivo y esperando la oportunidad de hacerse con una presa.

«Tres gatos observando un olivo. A pocos metros, un conejo atrapado. Dos imágenes que deberían hacernos reflexionar», señala el guarda rural, que pide abordar el asunto desde el punto de vista de la gestión del medio y no como un enfrentamiento entre partidarios y detractores de estos animales.

El olivar como refugio de numerosas especies

Los olivares andaluces no son únicamente terrenos dedicados a la producción de aceite. Sus linderos, majanos, matorrales y zonas de vegetación ofrecen alimento y refugio a numerosas especies de aves, reptiles y pequeños mamíferos. Entre ellas se encuentran el mochuelo, la abubilla, el alzacola rojizo, la perdiz roja, el jilguero, el verderón, el verdecillo, el carbonero y la cogujada, además de lagartijas, culebras y conejos. En algunas zonas de Andalucía también habita el camaleón común.

La presencia de gatos con acceso continuado a estos espacios puede añadir una presión depredadora sobre esta fauna. El propio Villalobos recuerda que el instinto cazador forma parte del comportamiento natural del felino, pero considera que el problema surge cuando un animal doméstico o asilvestrado entra de manera habitual en olivares, cotos y terrenos de monte.

«Un gato puede capturar un pájaro, un gazapo, un lagarto o una cría de otra especie sin que exista ninguna diferencia para él entre una presa abundante y otra cuya población esté disminuyendo», sostiene.

«El problema no es el gato: es la falta de control»

Villalobos insiste en que su reflexión no pretende criminalizar a los gatos ni cuestionar a las personas que los cuidan. Su advertencia se centra en la necesidad de evitar que animales domésticos sin control se conviertan en depredadores permanentes dentro de los ecosistemas. «Una cosa es un gato controlado en un entorno urbano y otra muy diferente un animal que entra diariamente en un coto, un olivar o una zona de especial interés ambiental y depreda sobre la fauna», explica. A su juicio, el impacto puede aumentar cuando existen colonias felinas situadas cerca del campo y sus integrantes se desplazan libremente por el entorno.

El guarda rural recuerda que la fauna ya soporta otras amenazas, como la pérdida y fragmentación del hábitat, los cambios en los usos agrícolas, los atropellos, los incendios, la contaminación y las enfermedades. Por este motivo, considera que no se debe ignorar otro factor capaz de incrementar la presión sobre las poblaciones silvestres. «No podemos proteger al gato olvidándonos del mochuelo. No podemos proteger una colonia ignorando la perdiz. No podemos hablar de biodiversidad mientras olvidamos al lagarto, al conejo, al pequeño paseriforme o al camaleón», afirma.

Una situación que también preocupa en los cotos

La presencia continuada de gatos domésticos o asilvestrados en el medio también puede afectar a especies cinegéticas como el conejo, la perdiz roja o la liebre. Villalobos defiende que, cuando se detecta una concentración elevada de animales con capacidad depredadora, deben realizarse labores de seguimiento y evaluación y, si corresponde, actuar siempre mediante los procedimientos autorizados.

Para el guarda rural, la protección de los animales domésticos y la conservación de la fauna silvestre no deberían presentarse como objetivos enfrentados. La respuesta pasa, según expone, por evitar los abandonos, identificar y controlar a los animales y gestionar correctamente las colonias felinas próximas a espacios naturales y terrenos agrícolas.

«Proteger la biodiversidad significa proteger a todas las especies, no solamente a las que nos resultan más cercanas», concluye Villalobos. Los dos conejos que aparecen en las grabaciones ilustran, a su juicio, las consecuencias que puede tener la entrada habitual de estos felinos en el olivar.

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