Durante décadas, en el mundo rural se ha repetido una idea que muchos científicos observaban con cautela: que el aumento de determinados depredadores generalistas estaba teniendo consecuencias directas sobre las aves que crían en el suelo. Ahora, un estudio elaborado por investigadores del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC) y del University College Dublin aporta datos que respaldan esa percepción tradicional.
El trabajo analiza las tendencias de múltiples especies de aves silvestres en Europa y concluye que la depredación puede estar actuando como una barrera invisible que impide la recuperación de especies como la perdiz roja, la codorniz, el alcaraván, el sisón o la avutarda, especialmente en entornos agrícolas cada vez más alterados por la actividad humana.
Los investigadores advierten de que el problema no es nuevo, pero sí cada vez más evidente en un paisaje rural que ha cambiado profundamente en las últimas décadas.
En ese escenario, especies adaptadas a reproducirse en el suelo se enfrentan hoy a una presión creciente que compromete su éxito reproductivo.
Aves vulnerables en un paisaje cada vez más hostil
Las aves que anidan en el suelo siempre han convivido con la depredación. Forma parte de su propia estrategia evolutiva: producir más huevos para compensar las pérdidas naturales. Sin embargo, el equilibrio se rompe cuando la presión de depredadores aumenta por encima de los niveles que estas especies pueden soportar.

Según explican los investigadores del IREC, esta situación se agrava cuando se combina con hábitats degradados o paisajes agrícolas simplificados, donde las aves tienen menos refugio y menor capacidad para ocultar sus nidos.
En ese contexto, especies como zorros o córvidos, entre otros depredadores oportunistas, encuentran condiciones favorables para prosperar. Cuando sus poblaciones se descompensan, el impacto sobre las aves puede multiplicarse.
Los científicos advierten de que esto puede generar lo que denominan «trampas ecológicas», lugares donde las aves siguen intentando reproducirse pero donde sus nidos tienen muy pocas posibilidades de salir adelante.
Los datos de diez países europeos
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron datos procedentes de diez países europeos, entre ellos España, Francia, Portugal o Reino Unido. El estudio cruzó información sobre tendencias poblacionales, estrategias de nidificación, hábitats y niveles de protección legal.
Los resultados fueron contundentes. Las aves que anidan en el suelo presentan un 86% más de probabilidades de estar en declive que otras especies de aves.
El análisis también reveló que estas especies tienen 15,6 veces más probabilidades de mostrar una tendencia poblacional negativa en comparación con aves que utilizan otros tipos de nido.
La situación es todavía más preocupante en entornos agrícolas. En estos paisajes, las especies que nidifican en el suelo tienen 17,8 veces más probabilidades de disminuir que las aves que crían en otros hábitats.
Revisar las estrategias de conservación
El estudio también encontró un dato relevante: las especies incluidas en el Anexo I de la Directiva Aves, es decir, aquellas con mayor nivel de protección en la Unión Europea, tienen un 50% menos de probabilidades de disminuir.
Esto demuestra que las políticas de conservación pueden funcionar, aunque los investigadores advierten de que no son suficientes cuando se aplican de forma aislada.
En las zonas agrícolas intensivas, incluso las especies protegidas siguen mostrando tendencias negativas. Por eso los autores del estudio consideran imprescindible revisar las estrategias agroambientales actuales.
Según señalan, cualquier intento serio de recuperar estas poblaciones debe tener en cuenta tres factores que interactúan entre sí: la calidad del hábitat, la ecología de las especies y la presión de los depredadores.
Sin abordar estas variables de forma conjunta, concluyen los investigadores, será muy difícil revertir el declive que sufren muchas de las aves más emblemáticas de los campos europeos.








