A los pies del Puente Romano, bajo la silueta monumental de las catedrales de Salamanca y con el murmullo del Tormes de fondo, una escena grabada por Jara y Sedal muestra un problema nada desdeñable. En el vídeo se observa a un visón americano alimentándose con total tranquilidad del pienso colocado para una colonia de gatos callejeros. Un gesto aparentemente menor que, sin embargo, refleja un problema de fondo.
La imagen no es solo llamativa por el lugar, sino por lo que implica. El visón, uno de los depredadores más dañinos para los ecosistemas fluviales, actúa como si ese punto de comida fuera parte natural de su territorio. Y, en cierto modo, lo es: la presencia continuada de alimento convierte cualquier ribera urbana en un auténtico buffet para la fauna oportunista.
No se trata de una aparición aislada ni de un animal desorientado. La grabación evidencia que el ejemplar accede con soltura al pienso, lo que sugiere habituación y una posible presencia estable en la zona.
Una especie invasora que se adapta a todo
El visón americano (Neovison vison) es una especie invasora procedente de Norteamérica, introducida en Europa a través de granjas peleteras. Su expansión se vio acelerada por liberaciones masivas protagonizadas por activistas animalistas, que acabaron llevando a estos animales al medio natural.
Desde entonces, su capacidad de adaptación le ha permitido colonizar ríos y humedales en buena parte de la Península Ibérica, desplazando especies autóctonas y empujando al límite a otras mucho más vulnerables, como el visón europeo.
Se trata de un mamífero carnívoro ágil, voraz y tremendamente eficaz. Su dieta incluye aves acuáticas, peces, pequeños mamíferos y anfibios. Pero si además encuentra comida fácil y diaria en entornos urbanos, su asentamiento se vuelve aún más rápido.
Que haya llegado al corazón de Salamanca es una señal clara: el problema ya no se limita a espacios naturales alejados, también ha entrado en la ciudad.

Colonias de gatos y un sistema que alimenta el conflicto
El escenario del vídeo coincide con un punto donde desde hace años se mantiene una colonia de gatos sin control, con presencia constante en la ribera. La comida depositada cada día por particulares no solo sostiene a los felinos, también crea un foco de atracción para otros animales.
Aquí entra en juego la Ley de Bienestar Animal, que, según denuncian numerosos expertos, ha convertido la gestión de estas colonias en un problema estructural. La norma impide la captura y sacrificio de gatos asilvestrados y obliga a las administraciones a garantizar su manutención, sin mecanismos realmente eficaces para reducir sus poblaciones.
Mientras tanto, el impacto de estos gatos sobre la fauna es notable. Son depredadores natos y afectan directamente a aves, reptiles, roedores e insectos. Y cuanto más alimento disponible, más crecen las colonias.
En ese contexto, el visón americano encuentra el escenario perfecto: agua, refugio, presas naturales… y pienso gratis.
Las advertencias científicas llevan años sobre la mesa
La comunidad científica lleva tiempo alertando de las consecuencias de mantener colonias felinas sin control. El biólogo salmantino Max Benito ha advertido públicamente del impacto de estos gatos sobre la fauna autóctona.
Además, más de 900 científicos, entre ellos investigadores vinculados a la Estación Biológica de Doñana, firmaron en su día una carta abierta en contra del Anteproyecto de Ley de Bienestar Animal.
Los datos también son contundentes. Según el propio Ministerio para la Transición Ecológica, los gatos asilvestrados figuran entre las principales causas de mortalidad de especies en peligro como la cerceta pardilla o la focha moruna.
Sin embargo, la política ha optado por una gestión marcada por lo emocional y lo ideológico. Y el resultado empieza a verse con claridad: especies invasoras como el visón americano se afianzan, mientras el equilibrio ecológico se deteriora a pasos agigantados.









