Bruce es un cazador norteamericano de 80 años que llevaba tiempo soñando con venir a España para completar el conocido como Spanish Ibex Grand Slam de la cabra montés. Su idea era cazar las cuatro subespecies españolas, empezando por la más emblemática: la cabra montés de Gredos. Para organizar el viaje contactó con la empresa Hunting Ibex in Spain, especializada en recechos de ibex para cazadores internacionales.
Pero Bruce no vino solo. Le acompañaba su mujer, que quería vivir la experiencia con él desde el primer momento.

Una solución clásica: los caballos
Quien conoce Gredos sabe que no es un terreno fácil. Las cabras suelen moverse por zonas altas, pedreras y gargantas donde llegar caminando exige una buena forma física.
Bruce tenía una ilusión enorme, pero con 80 años era evidente que no podía afrontar una subida larga a pie detrás de los machos. Por eso decidimos recurrir a una solución que durante generaciones ha sido habitual en estas montañas: cazar a caballo para ganar terreno.
Aquella mañana salimos temprano. El cielo empezaba a clarear cuando montamos los caballos y comenzamos a avanzar por la garganta. El plan era sencillo: recorrer varios kilómetros a caballo para acercarnos a las zonas donde sabíamos que los machos estaban moviéndose durante el celo, y desde allí hacer el último acercamiento a pie.

En total recorreríamos unos 10 kilómetros a caballo.
Bruce cabalgaba tranquilo, disfrutando del paisaje. Su mujer iba detrás con otro caballo, cámara en mano, decidida a no perderse nada.
El celo mueve a los grandes machos
Era plena época de celo, uno de los mejores momentos para que Bruce consiguiera su ‘Gredos Ibex‘. Durante estas semanas los grandes machos se acercan a los grupos de hembras y pasan más tiempo visibles, pendientes de posibles rivales.

Después de algo más de una hora de camino empezamos a usar los prismáticos. No tardamos en localizar los primeros grupos de cabras moviéndose por las laderas.
Desmontamos en una zona desde la que se dominaba bastante terreno y comenzamos a observar con calma. Entre varios machos que estaban siguiendo a un grupo de hembras apareció uno que enseguida llamó la atención.
Era claramente un macho viejo, con un trofeo como el que íbamos buscando. Incluso a distancia se veía que era un animal grande.
Le pasamos el telescopio a Bruce. Estuvo observándolo unos segundos y enseguida lo tuvo claro.

El rececho final
Dejamos los caballos resguardados y empezamos el rececho a pie. La ventaja era que ya estábamos bastante cerca gracias al recorrido a caballo, así que solo teníamos que recortar la distancia con cuidado.
El viento aunque intenso soplaba de cara y las machos estaban entretenidas con las hembras. Avanzamos despacio entre rocas y piornos hasta colocarnos en una pequeña posición desde la que se dominaba la ladera donde estaba el macho.
La distancia era buena y el tiro parecía sencillo.

Bruce se acomodó detrás del rifle con calma. A pesar de la emoción del momento, se le veía muy tranquilo, con esa serenidad que dan muchos años de experiencia.
Cuando el macho se colocó bien, apretó el gatillo.
El disparo sonó seco en la montaña y el macho cayó pocos metros después.

Un gran macho de Gredos
Al acercarnos comprobamos lo que ya intuíamos desde lejos: era un gran macho de Gredos, viejo, pesado y con una cuerna impresionante. Más tarde sería homologado como medalla de oro.
Pero lo mejor fue ver la cara de Bruce cuando lo tuvo delante. Su mujer llegó poco después y juntos pudieron disfrutar del momento, hacer fotos y contemplar el paisaje donde había comenzado su aventura española.

Para Bruce aquel macho no era solo un gran trofeo. Era el primero de su Grand Slam.
Y lo había conseguido de una manera muy especial: recorriendo la sierra de Gredos a caballo junto a su mujer, adaptando la cacería a sus posibilidades, pero manteniendo intacta la ilusión.
A sus 80 años, Bruce demostró algo que todos los cazadores saben muy bien: las ganas de cazar no se jubilan nunca y gracias a Hunting Ibex in Spain pudo cumplir su sueño.








