La fotografía que dejan las elecciones autonómicas en Castilla y León, con el escrutinio prácticamente completado, confirma una tendencia que ya se venía apuntando en anteriores citas electorales: el desplome del voto animalista. Las formaciones que abanderan políticas contrarias a la actividad cinegética han quedado completamente fuera de las Cortes, perdiendo tanto respaldo como visibilidad institucional.
Los datos son claros. PACMA ha obtenido 5.027 votos (0,4%), una cifra inferior a la de 2022, cuando alcanzó 6.572 sufragios (0,5%). Por su parte, la candidatura Podemos-AV se queda en 9.225 votos (0,7%), muy lejos de los más de 62.000 votos (5,1%) que logró la coalición en los anteriores comicios, cuando aún conservaba un procurador, y mucho más de los 129.681 de 2019 o los 163.637 de 2015.
Este retroceso no solo implica una pérdida de apoyos, sino que supone, en la práctica, la desaparición total del animalismo político del parlamento autonómico.

Un desplome que se acentúa elección tras elección
La evolución de los resultados evidencia una caída sostenida. En apenas una legislatura, Podemos ha pasado de tener representación a quedarse fuera, mientras que PACMA continúa sin lograr entrar en ninguna institución autonómica relevante.
El caso de Podemos es especialmente significativo. La formación, que en 2022 logró un escaño bajo la marca Podemos-IU-AV, ha perdido más de 50.000 votos en esta convocatoria, lo que refleja un fuerte desgaste electoral. La fragmentación de la izquierda y la pérdida de fuerza de sus propuestas parecen haber pasado factura.
En paralelo, PACMA sigue sin consolidar un espacio político estable. Su descenso, aunque más moderado en cifras absolutas, confirma que su techo electoral continúa siendo muy limitado en una comunidad donde el mundo rural y la actividad cinegética tienen un peso determinante.

Sin representación y sin influencia política
El resultado final deja un escenario en el que ninguna formación animalista tendrá voz en las Cortes de Castilla y León. Esto contrasta con el panorama de 2022, cuando al menos existía una representación simbólica.
Mientras tanto, el reparto de escaños consolida a los grandes partidos. El PP se sitúa como fuerza más votada con 33 procuradores, seguido del PSOE con 30 y Vox con 14, muy lejos de las cifras de estas formaciones minoritarias.
La ausencia total de representación implica también una pérdida de capacidad para influir en debates legislativos relacionados con el mundo rural, la gestión de la fauna o la regulación de actividades tradicionales.
El mundo rural marca el voto
Estos resultados vuelven a poner de manifiesto la desconexión entre los planteamientos animalistas y la realidad del territorio. Castilla y León, una de las comunidades con mayor superficie rural de España, mantiene un electorado que prioriza políticas vinculadas al campo, la ganadería y la gestión cinegética.
El desplome del animalismo no parece, por tanto, un hecho aislado, sino parte de una tendencia más amplia que ya se ha visto en otras elecciones recientes. La pérdida de apoyos y la falta de representación consolidan un escenario en el que estas formaciones quedan relegadas a la marginalidad política en la región.








