El dinero que se ha puesto sobre la mesa por el aprovechamiento cinegético del coto SO-10359, conocido como ‘Castro’, en el término municipal de Retortillo de Soria, ha sorprendido incluso a quienes conocen bien el tirón de esta comarca. El contrato se ha cerrado por un importe cercano a los 100.000 euros con impuestos incluidos, para un acotado que apenas supera las 700 hectáreas.

La adjudicación, hecha oficial a través de la Plataforma de Contratación del Sector Público, confirma que el Ayuntamiento ha encontrado una fórmula de ingresos muy por encima de lo previsto inicialmente. Y es que la cifra final casi ha duplicado el presupuesto base de licitación, fijado en 46.045 euros sin impuestos, para un periodo de cinco campañas.

En un pueblo con apenas 126 habitantes, este tipo de contratos ayudan a entender por qué el mundo rural mira con lupa cada temporada: lo que en el mapa parece una mancha pequeña de monte, en la realidad puede convertirse en un balón de oxígeno para las cuentas municipales.

Un coto pequeño, pero con un trofeo muy codiciado

La clave está en el corzo, y especialmente en el corzo macho. En buena parte de Soria —y en este rincón limítrofe con Segovia y Guadalajara— el interés por los grandes trofeos ha disparado el valor de algunos terrenos, incluso cuando las cifras oficiales de cupos no parecen espectaculares.

Retortillo de Soria.

Según el plan cinegético aprobado para las últimas cinco temporadas de este coto, la autorización de corzo macho se ha mantenido en cinco precintos por temporada. También aparece contemplado un cupo de 10 hembras anuales, aunque su valor en el mercado cinegético suele estar muy por debajo del macho.

Aun así, la operación demuestra que el negocio ya no se mide solo en hectáreas. Se mide en expectativas: calidad del terreno, gestión, tranquilidad del entorno y, sobre todo, en la posibilidad real de que esos cinco machos sean precisamente los que cualquiera quiere tener delante.

Casi 100.000 euros y un mensaje claro para la España rural

El acuerdo se extiende durante cinco temporadas (de la 2026-2027 a la 2030-2031), garantizando un ingreso fijo al Ayuntamiento durante un lustro. Y, con esa cifra final, también lanza un mensaje muy evidente: hay lugares donde el aprovechamiento cinegético vale oro.

Para hacerse una idea de lo que supone un contrato así en una localidad pequeña, basta con comparar magnitudes. El propio municipio manejaba en 2005 un presupuesto anual de algo más de 600.000 euros: una cifra que ayuda a poner contexto al peso que puede tener un arrendamiento de este tipo cuando llega limpio, cerrado y con previsión a varios años.

Este coto de 738 hectáreas, con cupos ajustados y un recurso estrella muy concreto, ha alcanzado un precio que muchos no habrían imaginado. Esperemos que el dinero que se ha puesto sobre la mesa sea, efectivamente, por la calidad del corzo en la zona o bien porque su plan técnico incluye otras modalidades como la caza del jabalí en batida, de la perdiz en mano o la codorniz, que podrían aumentaría su aprovechamiento, y no por el crecimiento imparable al que se está sometiendo las subastas de algunos cotos de caza.

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