La escena se produjo en plena sierra madrileña, en una tarde ya casi vencida y con el monte completamente en silencio. Allí, entre jaras, peñas y barrancos de la Reserva de Sonsaz, un joven orgánico madrileño culminó junto a uno de sus clientes el rececho de un peculiar corzo peluca que llevaba varios días siguiendo. El animal, con una llamativa cuerna cubierta de borra, había sido localizado previamente mientras el guía recorría la zona.
Diego Fernández Hernán, de 21 años y natural de El Atazar (Madrid), fue quien organizó el rececho y acompañó a Felipe Alcaide, el cazador que finalmente abatió el animal el pasado 19 de mayo. Según relata el propio Diego a Jara y Sedal, el corzo llevaba aproximadamente una semana controlado en la zona, aunque hasta entonces no había logrado obtener imágenes ni acercarse lo suficiente por las dificultades del terreno.
«Ese día lo vimos tumbado en una ladera, metido en un arroyo de jaras y bastantes peñas», explica el joven orgánico. La espera se prolongó hasta bien entrada la tarde. «Estaba anocheciendo y a eso de las ocho y media, más o menos, el corzo decidió levantarse», detalla.
Fue entonces cuando el aire delató la presencia de los cazadores. El animal arrancó ladera arriba y, en mitad de la subida, Diego avisó a Felipe para que ejecutara el disparo. El tiro, certero y a una distancia de unos 180 metros, se llevó a cabo utilizando un rifle Tikka T3x en calibre .300 Winchester Magnum cargado con munición Norma Plastic Point de 180 grains.

Un particular corzo peluca
El ejemplar abatido pertenece a una de las anomalías más conocidas entre los aficionados al corzo: el denominado corzo peluca. Este tipo de animales desarrolla una cuerna completamente irregular y cubierta de borra o correa durante todo el año debido, generalmente, a una ausencia o déficit severo de testosterona. Las causas más habituales suelen estar relacionadas con traumatismos en los testículos, infecciones o incluso alteraciones hormonales y casos de hermafroditismo. Al no producirse la osificación normal de la cuerna, esta continúa creciendo de forma descontrolada y deformada.

En algunos casos extremos, esas masas de tejido llegan incluso a dificultar la visión del animal o condicionan seriamente su comportamiento en el monte. Por eso, este tipo de ejemplares suelen llamar mucho la atención entre los cazadores y gestores cinegéticos, especialmente cuando aparecen en libertad en terrenos como los de la sierra madrileña.
Un joven orgánico que empieza a abrirse camino
Diego Fernández Hernán reconoce que lleva «toda la vida en la caza», aunque ahora ha comenzado a dar un paso más implicándose en la organización de recechos y actividades cinegéticas con clientes. Este lance, además del valor singular del animal abatido, supone también una experiencia importante en sus primeros pasos como orgánico.

Para localizar al corzo utilizaron prismáticos Zeiss, fundamentales para controlar los movimientos del animal entre la vegetación cerrada y las laderas pedregosas características de la zona. La Reserva de Sonsaz, situada en el noreste madrileño, es uno de los enclaves más reconocidos para la caza del corzo en la Comunidad de Madrid y cada temporada deja imágenes poco habituales como la de este singular ejemplar.








