El crecimiento del corzo en España ya no es una tendencia silenciosa, sino una realidad que se deja notar en el campo, en las carreteras y en la economía agraria. Lo que durante décadas fue un ungulado ligado al norte peninsular ha pasado a convertirse en una de las especies más extendidas y abundantes, obligando a replantear su gestión.

En las últimas décadas, su expansión territorial ha sido constante. Si a finales del siglo pasado su presencia estaba concentrada en áreas concretas del norte, hoy ocupa buena parte del territorio nacional, colonizando incluso zonas donde antes era prácticamente inexistente. Este cambio no solo refleja su capacidad de adaptación, sino también las profundas transformaciones del medio rural.

El informe ‘Evolución histórica de las especies de caza mayor en España’, presentado el pasado 2 de diciembre por Fundación Artemisan, pone cifras a este fenómeno. Y lo hace con un dato contundente: el corzo es la especie que más ha crecido en capturas desde 2005.

De refugio en el norte a expansión casi total

Históricamente, el corzo encontraba sus mejores hábitats en la Cordillera Cantábrica, los Pirineos y el Sistema Ibérico. Sin embargo, su área de distribución ha ido ampliándose hasta ocupar sierras del centro peninsular y zonas del valle del Ebro, llegando incluso a determinados puntos del litoral mediterráneo.

Distribución del corzo (Capreolus capreolus) en España en 1969, representada en cuadrículas UTM de 10×10 km. © Elaboración por parte de Fundación Artemisan a partir de Fernández de Cañete y Martínez (1969).

Este proceso no ha sido uniforme. Aún hoy, su presencia es menor en grandes llanuras agrícolas o regiones especialmente secas, pero su capacidad para adaptarse a entornos variados le ha permitido colonizar espacios que hace apenas unas décadas no formaban parte de su territorio habitual.

Distribución del corzo (Capreolus capreolus) en España en 2007, representada en cuadrículas UTM de 10×10 km. © Elaboración por parte de Fundación Artemisan a partir de Palomo et al. (2007).

En términos de densidad, las diferencias también son notables. Mientras que en los bosques caducifolios del norte pueden alcanzarse cifras de hasta 20 individuos por kilómetro cuadrado, en áreas mediterráneas estas densidades caen significativamente, rara vez superando los cinco ejemplares.

Distribución del corzo (Capreolus capreolus) en España en 2007, representada en cuadrículas UTM de 10×10 km. © Elaboración por parte de Fundación Artemisan a partir de Fuentes Rodríguez & Markina (2024).

El mayor aumento de capturas de la caza mayor

Si hay un dato que resume la evolución del corzo en España es el incremento de capturas. Según el informe, en 2023 se abatieron 91.738 ejemplares, lo que supone un aumento del 552 % respecto a 2005. Ninguna otra especie de caza mayor presenta un crecimiento tan acusado.

Este aumento no es casual. Está directamente relacionado con la expansión de la especie, pero también con su creciente importancia dentro de la gestión cinegética. El corzo ha pasado de ser una especie secundaria a convertirse en uno de los pilares de la actividad en muchos territorios.

Evolución de las capturas de corzo en España para el periodo 1957-2023. © Fundación Artemisan

Además, su biología juega a su favor. Se trata de un ungulado con alta capacidad reproductiva y gran adaptabilidad, capaz de explotar tanto medios forestales como agrícolas. Su dieta selectiva, basada en brotes y cultivos, le permite prosperar en paisajes muy humanizados.

Accidentes y daños: la otra cara del crecimiento

Pero el aumento del corzo no solo se mide en capturas. También tiene un reflejo directo en la siniestralidad vial. Entre 2016 y 2022, los accidentes de tráfico relacionados con esta especie crecieron un 104,25 %, situándola como la segunda especie con más incidentes registrados. Este incremento está estrechamente ligado a su expansión geográfica y a su mayor abundancia. A medida que coloniza nuevas áreas, especialmente aquellas con infraestructuras viarias, el riesgo de colisión aumenta de forma inevitable.

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Un corzo en una carretera tras un accidente. © Shutterstock

En el ámbito agrario, el impacto también es significativo. Según datos de Agroseguro recogidos en el informe, en 2024 los daños asociados al corzo alcanzaron una superficie de 10.066 hectáreas, con un coste económico estimado de 626.432 euros. Se trata de la especie que más daños genera dentro de las analizadas.

Un animal adaptable… y cada vez más presente

Detrás de este crecimiento hay múltiples factores. El abandono rural, la regeneración forestal y la mejora de la gestión cinegética han favorecido la aparición de hábitats óptimos. A ello se suma la reducción de depredadores naturales y la existencia de inviernos más suaves.

El corzo destaca además por su capacidad colonizadora. Puede ocupar desde bosques densos hasta dehesas o cultivos abandonados, lo que le permite expandirse con rapidez. Su estrategia reproductiva, con fenómenos como la diapausa embrionaria, también contribuye a su éxito.

Sin embargo, este crecimiento plantea nuevos retos. La gestión del corzo se ha convertido en una cuestión clave para compatibilizar su conservación con la actividad agraria, la seguridad vial y el equilibrio de los ecosistemas. El escenario actual deja una conclusión clara: el corzo ha dejado de ser una especie discreta para convertirse en uno de los grandes protagonistas del medio natural español.

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