El corzo, el más pequeño de los ungulados ibéricos, atraviesa uno de los momentos más significativos de su historia reciente en España. Según un estudio impulsado por la Asociación del Corzo Español y Fundación Artemisan, su presencia en el territorio nacional no ha dejado de crecer en las últimas décadas, alcanzando ya una población estimada de 900.000 ejemplares.
Este incremento no es casual. Tras décadas de regresión provocadas por la transformación del medio natural y la presión humana, la especie inició a finales del siglo XX una recuperación progresiva que hoy se traduce en una expansión prácticamente generalizada. El documental El corzo en España recoge las conclusiones de tres años de trabajo analizando su evolución, situación actual y los desafíos que plantea su gestión.
En paralelo a este crecimiento, también se ha producido un aumento significativo de la actividad cinegética sobre la especie. Entre 2013 y 2020, el número de capturas se incrementó en un 66,8 %, en su mayoría correspondientes a machos, lo que evidencia tanto la abundancia como la presión selectiva sobre determinadas clases de edad.

Una expansión con consecuencias
El éxito poblacional del corzo trae consigo importantes implicaciones. Una de las más visibles es el aumento de los accidentes de tráfico, que se han incrementado en un 60 % entre 2018 y 2022. Estos siniestros se concentran principalmente entre abril y agosto, en franjas de baja visibilidad como el amanecer o las primeras horas de la noche.
Además, la especie se enfrenta a otros problemas derivados de su propia expansión. Entre ellos destacan las altas tasas de parasitismo —principalmente por Hipoderma actaeon y Cephenemyia stimulator—, desequilibrios en la proporción de sexos —con predominio de hembras— y desajustes en la estructura de edades. A ello se suma la falta de un sistema homogéneo de monitorización a nivel nacional que permita evaluar con precisión la evolución de las poblaciones.
Otro factor de riesgo importante son los canales de transporte de agua, donde el corzo presenta una elevada incidencia de ahogamientos, especialmente en primavera, lo que afecta de forma significativa a determinadas poblaciones locales.
Claves para su gestión en el siglo XXI
Ante este escenario, los expertos coinciden en la necesidad de avanzar hacia una gestión más coordinada y técnica. El estudio propone medidas como la implantación de sistemas de seguimiento poblacional continuado, la mejora de los registros de capturas y la flexibilización de cupos en zonas con sobreabundancia.
También se plantea fomentar la caza de hembras, impulsar batidas invernales y homogeneizar los periodos hábiles entre territorios. Todo ello acompañado de un mayor control sanitario y criterios diferenciados según la edad de los ejemplares.
La conclusión es clara: el corzo se ha consolidado como una especie clave en los ecosistemas españoles, pero su futuro dependerá de una gestión rigurosa y coordinada. Administraciones, gestores, cazadores e investigadores están llamados a trabajar de forma conjunta para garantizar su conservación y equilibrio a largo plazo.









