En los últimos días, un vídeo compartido en Instagram ha vuelto a poner a los corzos en el centro de todas las conversaciones. En la publicación se mostraba el trofeo de un ejemplar extraordinario, al que se le atribuían 289,30 puntos, sin explicar con qué sistema se habría obtenido la cifra. A primera vista, el dato parecía casi imposible si se compara con los grandes registros conocidos.
No obstante, el origen de este descomunal trofeo no es el de un rececho para el recuerdo, sino algo muy distinto.
Un ‘Baillie buck’: el misterio de las cabezas desmesuradas
En los últimos años se han multiplicado en redes las imágenes de corzos con cabezas desmesuradas, cuernas aparentemente cortas pero con una masa ósea fuera de lo normal. A estos ejemplares se les conoce como corzos tipo Baillie, y su rareza va mucho más allá de la estética: tiene raíces biológicas, históricas y hasta científicas.
El nombre no nace de un vídeo viral ni de una moda reciente. Se remonta a un caso documentado en el sur de Inglaterra. En 1974, el mayor Peter Baillie abatió en Hampshire un corzo singular, de pivotes hipertrofiados, rosetas enormes y un cráneo que, una vez limpio y seco, alcanzó los 1.140 gramos netos, una barbaridad para la especie.
Aquel trofeo, de hecho, ni siquiera fue homologado oficialmente en su momento por su rareza morfológica. Lo calificaron como freak trophy. Pero en lugar de quedar como una anécdota, marcó una frontera: desde entonces, ‘Baillie buck’ se convirtió en la forma de nombrar a estos colosos del hueso, que destacan no por longitud de cuerna, sino por densidad y peso.

¿Cómo puede un corzo llegar a 289 puntos?
Aquí está la clave: en estos trofeos, la sensación visual engaña. Puede parecer que no “da la talla” frente a corzos más largos, pero la puntuación se dispara por el volumen del cráneo, la anchura de bases y esa masa brutal en los primeros centímetros de las cuernas.
El Consejo Internacional de la Caza (CIC) permite puntuar estos trofeos si el cráneo está completo y es medible, y la rareza se refleja como observación técnica, pero no necesariamente penaliza la puntuación.
Así se entiende que algunos ejemplares tipo Baillie superen los 270 puntos CIC sin tener una cuerna larga ni bonita en el sentido clásico. Lo impresionante es otra cosa.
El fenómeno Baillie
Con esta información encima de la mesa, el vídeo de Instagram deja de ser una simple cifra y pasa a ser, probablemente, la historia de uno de los trofeos más famosos del mundo del corzo. En otras palabras: no estaríamos ante un “nuevo récord” salido de un monte cualquiera, sino ante un ejemplar legendario y documentado —fue encontrado en 2006 en Inglaterra por P. Howard—, que muchos conocen como la referencia del fenómeno Baillie. El cráneo original, al que le faltaba una parte, dicen que superó el kilo de peso y se cree que al completo podría haber alcanzado los 1300 gramos.

Y eso explica también por qué la cifra parecía absurda al compararla con el récord oficial español, que está en 252,93 puntos y que sí corresponde a un corzo espectacular en el sentido más clásico del trofeo.








