Durante años, la observación de la fauna dependió casi en exclusiva de la presencia humana, con todo lo que eso implica de molestias, errores y horas de espera. Hoy, la tecnología ha cambiado por completo ese escenario. Las cámaras de fototrampeo se han consolidado como una herramienta habitual en el monte, tanto para el seguimiento de especies como para la gestión cinegética y la vigilancia de fincas y cotos.
Estos dispositivos permiten capturar imágenes y vídeos de animales en su entorno natural sin interferir en su comportamiento. Lo hacen de forma discreta, autónoma y cada vez con mayor calidad, lo que explica su rápida implantación entre cazadores, gestores y técnicos de conservación.
En los últimos años, además, la evolución ha sido notable. A las cámaras tradicionales se han sumado modelos con envío de imágenes al móvil, conectividad 4G e incluso sistemas completamente autónomos que funcionan con panel solar y tarjeta SIM, sin necesidad de luz eléctrica ni WiFi.

Qué es una cámara de fototrampeo y para qué se utiliza
Una cámara de fototrampeo es un dispositivo diseñado para registrar la actividad de la fauna de forma automática. Se instala en el campo, generalmente fijada a un árbol o poste, y permanece en espera hasta que detecta movimiento. En ese momento, toma una fotografía o graba un vídeo que queda almacenado o, en los modelos más avanzados, se envía directamente al teléfono del usuario.
Su uso es muy variado. Sirve para conocer qué animales frecuentan un comedero, una baña o un paso habitual, para estudiar horarios de actividad o para confirmar la presencia de determinados ejemplares. También se ha convertido en una aliada para la vigilancia frente a robos, vandalismo o furtivismo, gracias a su capacidad para detectar personas y vehículos de noche sin ser vistas.
El valor añadido de estas cámaras es que permiten obtener información real sin alterar el entorno. La fauna no percibe la presencia humana y se comporta con naturalidad, lo que hace que los datos obtenidos sean mucho más fiables.
El sensor PIR y la longitud de onda
El corazón de una cámara de fototrampeo es el sensor PIR. Este sistema detecta cambios de temperatura en el entorno, combinados con movimiento, sin emitir ningún tipo de radiación. Gracias a ello, la cámara se activa solo cuando pasa un animal o una persona, ahorrando batería y evitando falsas capturas.
Para trabajar de noche, estos dispositivos recurren a distintos tipos de iluminación. Los LED infrarrojos invisibles, también conocidos como leds negros, no son perceptibles ni para el ojo humano ni para la mayoría de los animales, lo que los convierte en los más utilizados cuando se busca discreción absoluta. Existen también leds visibles, con un ligero punto rojo, que ofrecen imágenes nocturnas más nítidas, y sistemas incandescentes que actúan como un flash, capaces de captar imágenes en color.
En este punto conviene detenerse en un detalle que suele pasar desapercibido: la longitud de onda de los infrarrojos, medida en nanómetros. La mayoría de cámaras de fototrampeo trabajan con LED de 850 nm, que ofrecen una iluminación nocturna más potente y permiten obtener imágenes algo más nítidas, pero que pueden emitir un leve resplandor rojizo visible a corta distancia. Frente a ellos están los modelos de 940 nm, conocidos como infrarrojo totalmente invisible, que no producen ningún destello perceptible ni para animales ni para personas, a costa de una ligera pérdida de alcance y definición. Elegir uno u otro sistema depende del equilibrio que se busque entre discreción absoluta y calidad de imagen nocturna.

Otro aspecto fundamental es el grado de protección. El índice IP, que combina resistencia al polvo y al agua, determina si la cámara soportará lluvia, barro y cambios bruscos de temperatura. En entornos de monte, optar por modelos con protección alta marca la diferencia entre un equipo duradero y uno que falla al primer temporal.
Cámaras con envío de imágenes al móvil
La gran revolución de los últimos años ha sido la llegada de las cámaras que envían fotos y vídeos en tiempo real al smartphone. Funcionan como las tradicionales, pero incorporan una tarjeta SIM con conexión 3G o 4G. Cuando detectan movimiento, además de guardar el archivo, lo envían casi al instante al correo o a una aplicación.
Esto permite saber qué ocurre en el coto sin desplazarse. Desde comprobar si un comedero está activo hasta confirmar la presencia de un animal concreto, el ahorro de tiempo y kilómetros es evidente. Además, muchos modelos ofrecen comunicación bidireccional, de modo que el usuario puede pedir una foto en directo, consultar la batería o modificar ajustes a distancia.
Más recientemente han aparecido cámaras aún más avanzadas, pensadas para lugares sin electricidad ni WiFi. Incorporan panel solar y baterías de gran capacidad, lo que las hace completamente autónomas. Con una SIM instalada, envían imágenes al móvil y permiten conexión en tiempo real, incluso con visión nocturna en color. Son una solución especialmente interesante para fincas aisladas, puestos remotos o zonas con difícil acceso.

En definitiva, el fototrampeo ha dejado de ser un complemento para convertirse en una herramienta central en la gestión del monte. Elegir el modelo adecuado depende del uso que se le quiera dar, pero la tecnología actual ofrece soluciones para casi cualquier necesidad del cazador moderno.








