La visión térmica se ha convertido en una herramienta habitual para muchos cazadores, especialmente en aguardos, recechos nocturnos y labores de observación. Sin embargo, la oferta es cada vez más amplia y los datos técnicos pueden resultar confusos. Entenderlos bien es la clave para no pagar de más… ni quedarte corto.
El primer paso, y el más importante, es tener claro el escenario de uso. No es lo mismo cazar en un monte cerrado, con vegetación densa y distancias cortas, que hacerlo en zonas abiertas donde necesitas detectar animales a mayor distancia y distinguir mejor su silueta.
En monte cerrado prima el campo de visión, ya que te permitirá escanear grandes áreas con rapidez y localizar animales en movimiento. En terrenos abiertos, en cambio, cobra más importancia el detalle a distancia, aunque eso suponga sacrificar algo de amplitud de imagen.
En este punto también conviene decidir el formato. Un monocular térmico suele ser más ligero, rápido de manejar y cómodo para escanear mientras te desplazas. Además, suele ser más económico. Un binocular térmico, por su parte, resulta más descansado cuando pasas largos periodos observando, ya que utilizas ambos ojos y reduces la fatiga visual, aunque normalmente implica más peso y un precio superior.
El sensor: el verdadero corazón del térmico
En visión térmica, el sensor es el elemento clave. De él depende gran parte de la calidad de imagen y del rendimiento real en condiciones difíciles. Hay tres datos que conviene entender bien.
La resolución es el más conocido. Valores como 384×288, 640×512 o incluso 1280×1024 indican el número de píxeles del sensor. En general, a mayor resolución, mayor capacidad para apreciar detalles, especialmente a media y larga distancia.
El tamaño de píxel, expresado en micras (μm), suele ser de 12 o 17 μm. Un píxel más pequeño permite captar más detalle, pero solo si va acompañado de un buen sensor, una óptica de calidad y un procesado de imagen a la altura. Por sí solo, este dato no garantiza mejores resultados.
El tercer parámetro es el NETD, que mide la sensibilidad térmica del sistema y se expresa en miliKelvin. Cuanto más bajo sea este valor, mejor será la capacidad del dispositivo para distinguir pequeñas diferencias de temperatura. Esto resulta especialmente importante en situaciones de humedad, niebla o bajo contraste térmico, muy habituales en el campo.

Óptica, focal y el “zoom” que sí importa
La lente es el siguiente gran pilar. La distancia focal —por ejemplo 19, 25, 35 o 50 mm— determina el equilibrio entre campo de visión y aumento base. Una focal corta ofrece una imagen más amplia, ideal para escanear rápido. Una focal larga acerca más la imagen sin necesidad de recurrir al zoom digital, pero reduce el campo de visión.
Como regla práctica, los 19–25 mm son muy adecuados para monte cerrado y búsqueda rápida; los 35 mm ofrecen un equilibrio muy versátil para usos mixtos; y los 50 mm están pensados para terrenos abiertos, donde interesa más alcance y detalle a costa de ver menos ancho de escena.
Aquí conviene recordar que el zoom digital no crea información nueva: simplemente amplía la imagen, con la consiguiente pérdida de nitidez. Por eso es mucho más importante el aumento base que el zoom anunciado.
El “alcance”: el dato más malinterpretado
Uno de los errores más comunes es comprar un térmico guiándose por el alcance que anuncia el fabricante. En la mayoría de los casos, ese dato se refiere a distancia de detección, no de identificación.
Detectar significa ver un punto de calor; identificar implica distinguir si es un jabalí, un corzo, su postura o incluso detalles de comportamiento. Son cosas muy distintas.
En la práctica, para elegir bien conviene fijarse mucho más en el campo de visión, el aumento base y la calidad real de imagen que en una cifra de alcance que, por sí sola, puede inducir a error.
Visor, pantalla y comodidad de uso
Dos dispositivos con sensores similares pueden ofrecer experiencias muy distintas. Aquí entran en juego el visor y la ergonomía: resolución de la pantalla, contraste, relieve ocular y, sobre todo, la fluidez de la imagen.
La mayoría de los térmicos trabajan a 50 Hz, suficiente para la mayoría de situaciones. Algunos modelos alcanzan 60 Hz, lo que se traduce en una imagen más fluida al seguir animales en movimiento.
Un ejemplo es la serie Vista de Nocpix, que incorpora un display de 2560×2560 píxeles y un exit pupil de 8 mm, pensado para una visualización más cómoda y menos fatigante durante sesiones prolongadas.

Funciones: lo útil frente a lo accesorio
En cuanto a funciones, conviene priorizar lo que realmente vas a usar en el campo. El enfoque es un buen ejemplo: algunos modelos son “focus free”, mientras que otros incorporan anillo de enfoque. Para distancias medias y largas, el enfoque manual aporta un plus claro de nitidez.
Las paletas de color más prácticas siguen siendo blanco caliente y negro caliente. Otras, como las rojas o verdes, pueden ayudar a reducir la fatiga visual, pero son más una cuestión de preferencia personal.
La grabación de vídeo, la conectividad WiFi o la app pueden ser útiles si documentas recechos o quieres revisar después lo observado. En cuanto a la batería, es muy recomendable que sea intercambiable y de una marca fiable, para poder llevar recambios y no quedarte sin equipo en el momento clave.
El telémetro láser (LRF) no es imprescindible para observar, pero resulta muy práctico para conocer distancias reales. En la gama de Nocpix, por ejemplo, el Vista incorpora LRF de hasta 1.200 metros, mientras que el Lumi LRF alcanza los 800 metros.
Precio y expectativas realistas
El precio de un térmico viene marcado, principalmente, por el sensor, la óptica y el visor. A grandes rasgos, hoy se pueden distinguir varios niveles.
En la gama básica, entre unos 500 y 1.300 euros, hay equipos suficientes para detectar animales y moverte con solvencia a distancias cortas y medias, como el Nocpix LUMI LP13, en torno a los 599 euros.
La gama media, entre 1.300 y 2.300 euros, ofrece una mejora clara en experiencia de uso y, según modelos, sensores de 640×512, como el Nocpix LUMI LH35, con un precio aproximado de 1.599 euros.
En la gama alta, a partir de unos 2.400 euros, encontramos sensores de 640×512 acompañados de mejores visores, ópticas más luminosas y, en muchos casos, telémetro integrado, como el Nocpix VISTA VH50, con un precio de 2.749 euros.
Las claves finales para acertar
Si hay que resumirlo en cinco ideas claras: define bien tu escenario de uso, prioriza sensor y óptica, fíjate en campo de visión y aumento base, no compres solo por el “alcance” sin entenderlo y elige un equipo que sea cómodo, robusto y con una gestión de batería adecuada para el terreno.









