La madrugada del pasado 19 de febrero terminó con dos investigados por un presunto delito contra la flora y la fauna en la provincia de Salamanca. Un turismo con un curioso detalle, estacionado junto al acceso a una finca de El Payo, levantó las sospechas de la Guardia Civil y permitió destapar un nuevo caso de furtivismo sobre un corzo macho en plena veda.
Los hechos se produjeron en el suroeste salmantino, una zona con abundante presencia de corzo y donde en los últimos años se han reforzado los dispositivos de vigilancia ante episodios similares. Fue en ese contexto cuando los agentes detectaron el vehículo sospechoso, domiciliado en la provincia de Cáceres, con pequeños restos de sangre en su parte trasera.
Lejos de tratarse de una simple coincidencia, la escena encendió todas las alarmas. Los guardias civiles establecieron un operativo discreto en las inmediaciones, en el que participaron efectivos de las comandancias de Salamanca y Cáceres, con el objetivo de identificar a los propietarios y esclarecer el origen de aquellos restos.
Horas después, ya avanzada la noche, apareció un segundo turismo del que descendieron tres varones, todos ellos residentes en Cáceres. Uno de ellos resultó ser el propietario del coche bajo sospecha y, según fuentes del Instituto Armado, contaba con antecedentes policiales por delitos contra la flora y la fauna relacionados con el furtivismo.

Un corzo macho abatido en plena veda
La inspección del vehículo no dejó lugar a dudas. En el maletero, los agentes hallaron el cuerpo de un corzo macho. Su captura estaba «totalmente prohibida» al encontrarse en época de veda, lo que agrava los hechos.
El animal presentaba un disparo en el cuello y, tal y como detallaron las mismas fuentes, estaba caliente y sin rigidez. Se apreciaban «síntomas evidentes de que el animal había sido abatido esa noche, poco tiempo antes del descubrimiento de los agentes actuantes».
Ese detalle fue determinante para vincular directamente a los identificados con el abatimiento ilegal del ejemplar, ya que el estado del cuerpo descartaba que pudiera tratarse de un hecho ocurrido horas antes o en otro lugar.
Investigación abierta por delito contra la fauna
Finalmente, los guardias civiles se incautaron del corzo y procedieron a investigar a dos de los varones como supuestos autores de un delito contra la flora y la fauna. Los hechos encajan en el ejercicio de furtivismo en terreno cinegético sin autorización administrativa, en época de veda y en periodo nocturno, una combinación de infracciones que endurece la respuesta penal.
La actuación pone de relieve la importancia de la vigilancia en el medio rural y la colaboración entre comandancias limítrofes para frenar este tipo de prácticas ilegales, que dañan gravemente la gestión y conservación de las poblaciones silvestres.
En este caso, fue un simple rastro de sangre el que permitió destapar lo que parecía una acción planificada al amparo de la noche. Una intervención rápida que evitó que el episodio quedara impune.








