El seguimiento de la caza mayor mediante cámaras de fototrampeo resulta especialmente eficaz durante los meses estivales. En esta época del año, especies como el corzo, el ciervo y el gamo mantienen rutinas relativamente estables, condicionadas por la abundancia de alimento, la climatología y la ausencia de grandes perturbaciones cinegéticas. Esta previsibilidad en sus desplazamientos facilita obtener información muy valiosa sobre su presencia, distribución y estado general tras el invierno y la temporada anterior.

Durante el verano, además, muchos machos se encuentran en pleno desarrollo de la cuerna, lo que convierte al fototrampeo en una herramienta fundamental para evaluar calidades, identificar individuos y comprobar la evolución de trofeos. A diferencia de otras épocas del año, los animales tienden a repetir horarios y recorridos, lo que incrementa notablemente la eficacia de las cámaras bien colocadas.

Estas herramientas no solo permiten confirmar qué animales han sobrevivido al invierno y a la presión cinegética del año anterior, sino también detectar áreas clave del territorio, identificar querencias estivales y anticipar posibles movimientos de cara al otoño y la próxima temporada. Para que el fototrampeo sea realmente útil y no se convierta en una simple acumulación de imágenes sin valor práctico, resulta fundamental elegir correctamente los lugares de colocación y analizar los datos con criterio.

Cebaderos y lamederos de minerales

Siempre que la normativa autonómica lo permita, los cebaderos y lamederos de minerales son uno de los puntos más efectivos para instalar una cámara de fototrampeo durante el verano. En esta época, los machos de ciervo y gamo, y en menor medida los corzos, acuden con frecuencia a estos enclaves en busca de sales minerales y nutrientes esenciales para el crecimiento y endurecimiento de la cuerna.

La regularidad de visitas a estos puntos hace que sean lugares especialmente productivos, ya que permiten obtener numerosas imágenes de los mismos ejemplares a lo largo de varias semanas. Esto facilita su identificación individual, el seguimiento de su evolución y la detección de posibles lesiones, malformaciones o regresiones en el desarrollo de la cuerna.

Además, los lamederos suelen concentrar actividad tanto diurna como crepuscular, lo que aumenta la probabilidad de obtener fotografías con buena luz, algo siempre recomendable para una correcta evaluación de los animales.

Los cinco mejores lugares para colocar cámaras de fototrampeo y controlar corzos, ciervos y gamos
Un corzo chupando sal, localizado por una cámara de fototrampeo. © Carlos Vignau

Fuentes de alimento habituales

Las zonas de alimentación natural constituyen otro enclave clave para el fototrampeo estival. Praderas naturales, rastrojos, claros con pasto verde o cultivos próximos al monte concentran una elevada actividad a última hora de la tarde y al amanecer, cuando los animales salen a alimentarse tras pasar el día encamados en zonas frescas y tranquilas.

Colocar cámaras en estos puntos permite registrar la entrada de corzos, ciervos y gamos aún con luz, algo especialmente interesante durante los meses de verano, cuando los días son largos y las condiciones lumínicas favorables. Este tipo de ubicaciones también ayuda a conocer qué parcelas o claros son más utilizados y en qué momentos del día, información muy útil para la gestión del coto.

Conviene tener en cuenta, no obstante, que muchos de estos patrones cambiarán con la llegada del otoño, cuando se modifiquen las fuentes de alimento disponibles y el comportamiento territorial de los animales, especialmente en el caso del ciervo durante la berrea.

Puntos de agua

En periodos de altas temperaturas, los puntos de agua se convierten en lugares de paso casi obligado para la caza mayor. Charcas, manantiales, pequeñas balsas o bebederos naturales pueden ofrecer un flujo constante de animales, especialmente en terrenos secos o con escasez hídrica.

El fototrampeo en estos enclaves suele proporcionar una gran diversidad de registros, tanto de machos como de hembras y crías, y en muchos casos permite detectar la presencia de especies que apenas se dejan ver en otras zonas del coto. Sin embargo, cuando el terreno dispone de abundante agua bien repartida, estos puntos pierden eficacia, ya que los animales no concentran sus visitas.

En esos casos, resulta más productivo vigilar pequeñas surgencias o puntos de agua discretos próximos a áreas de alimentación o descanso, donde los animales acuden con mayor tranquilidad y repiten con más frecuencia.

Senderos y pasos habituales

Los senderos utilizados habitualmente por los animales para desplazarse entre zonas de comida, agua y encame son otro lugar idóneo para instalar cámaras de fototrampeo. Estos pasos naturales permiten registrar el tránsito regular de la fauna y ayudan a comprender mejor el uso del espacio dentro del coto.

El análisis de las imágenes obtenidas en estos puntos permite diferenciar rutas utilizadas mayoritariamente por hembras, por machos o mixtas, así como detectar cambios en los desplazamientos a lo largo del verano. Si tras varios días o semanas no se obtienen registros significativos, conviene cambiar la cámara de ubicación hasta localizar un paso con mayor actividad, evitando dejarla demasiado tiempo en un punto improductivo.

Un jabalí fotografiado por una cámara trampa.
Un jabalí fotografiado por una cámara trampa. ©Carlos Vignau

Escarbaderos y zonas de parada

Una técnica menos conocida, pero que puede resultar muy eficaz, consiste en crear o refrescar zonas de escarbado en lugares de parada habituales. Raspar ligeramente el suelo hasta dejar la tierra desnuda, añadir algún atrayente olfativo y colocar la cámara correctamente orientada puede ofrecer imágenes muy cercanas y detalladas de los animales.

Este método funciona especialmente bien en zonas donde ya existían marcas antiguas, como árboles descortezados, sendas bien marcadas o escarbaderos del año anterior, que indican una querencia histórica. Los animales tienden a revisar estos puntos de forma recurrente, lo que incrementa las posibilidades de éxito.

En definitiva, el fototrampeo es una herramienta de enorme valor para conocer el estado real de las poblaciones de corzos, ciervos y gamos durante el verano, siempre que se utilice con criterio, se respeten las normativas vigentes y se elijan correctamente los puntos de colocación. Un buen trabajo estival con cámaras permitirá llegar al otoño con información fiable, clave para una gestión cinegética responsable y eficaz.

Síguenos en discover

Sobre el autor