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Científicos piden acabar progresivamente con las colonias felinas que protege la ley animalista

Un estudio internacional liderado por el CSIC cuestiona que los gatos puedan deambular sin control y propone endurecer sus restricciones hasta equipararlas, al menos, con las de los perros.

La libertad con la que miles de gatos domésticos y comunitarios recorren calles, campos y espacios naturales podría ser incompatible con las obligaciones internacionales de conservación de la biodiversidad. Así lo advierte un nuevo trabajo científico que reclama revisar las normas aplicadas a estos animales y que cuestiona directamente el mantenimiento de colonias felinas al aire libre, un modelo impulsado en España por la Ley 7/2023 de bienestar animal.

El análisis, publicado en la revista científica European Journal of Wildlife Research, ha sido liderado por el investigador Carlos Javier Durá Alemañ, del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC). También han participado científicos de las universidades de Tilburg, Miguel Hernández de Elche y Alicante, además de investigadores independientes.

Sus conclusiones son claras: los impactos documentados de los gatos sobre la fauna silvestre son considerablemente mayores que los provocados por los perros, pero las restricciones impuestas a unos y otros son muy diferentes. Mientras resulta habitual obligar a llevar a los perros atados, incluso prohibiendo su presencia en determinados espacios naturales, los gatos pueden deambular libremente y sin supervisión.

gatos callejeros Zamora
© Shutterstock

Una ley que protege la permanencia de los gatos en las calles

En España, la Ley 7/2023, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, dedica un capítulo completo a las colonias felinas. La norma mantiene a los gatos comunitarios bajo la consideración de animales de compañía y encomienda a los ayuntamientos su gestión mediante el método CER —captura, esterilización y retorno—, además de su alimentación, identificación, vacunación y atención sanitaria.

La ley prohíbe, con carácter general, retirar a los gatos comunitarios de sus colonias, confinarlos en centros de protección o sacrificarlos. También restringe su reubicación, aunque contempla excepciones cuando exista un impacto negativo sobre espacios naturales protegidos, la Red Natura 2000 o la fauna protegida.

Ese modelo, que en la práctica favorece la permanencia de los animales en el exterior, ha recibido numerosas críticas de investigadores y entidades conservacionistas. Antes incluso de la aprobación de la norma, varias sociedades científicas españolas ya reclamaron que promoviera la desaparición progresiva de las colonias felinas en lugar de estimular su mantenimiento.

El nuevo estudio publicado en European Journal of Wildlife Research refuerza ahora esas advertencias. Sus autores consideran que existe un profundo desajuste entre la evidencia científica, las obligaciones de protección de la naturaleza y la permisividad de muchas legislaciones nacionales, regionales y municipales.

Más restricciones para proteger a la fauna silvestre

«Los resultados del análisis justifican un trato legal más homogéneo para perros y gatos en lo que respecta a su libertad de movimiento, mediante un endurecimiento de las normas que afectan a los gatos», señalan los investigadores.

gatos comen especies protegidas
© Shutterstock

El trabajo recuerda que a los gatos se les atribuye la extinción de más de 60 especies, mientras que los perros estarían relacionados con la desaparición de al menos una decena. Su actividad resulta, además, mucho más discreta: cazan principalmente durante el crepúsculo o la noche y capturan aves, pequeños mamíferos, reptiles, anfibios y murciélagos sin que estas acciones sean observadas habitualmente.

Esta menor visibilidad explicaría, en parte, la distinta percepción social. Es fácil ver a un perro persiguiendo una liebre o un corzo, pero mucho más difícil observar a un gato matando pequeños vertebrados durante la noche. Como consecuencia, un propietario de perro tiene muchas más posibilidades de ser sancionado por permitir que su animal moleste a la fauna, pese a que el impacto global de los gatos puede ser superior.

Los autores sostienen, además, que perros y gatos domésticos deben abordarse como especies exóticas con impactos invasores cuando viven o se desplazan sin control por el medio natural. Una realidad que, a su juicio, debería tener consecuencias en la manera en la que las administraciones regulan su presencia.

Santuarios, recintos cerrados y gatos con correa

Frente al mantenimiento permanente de colonias abiertas, los investigadores plantean trasladar progresivamente a estos animales a santuarios o recintos cerrados, conocidos como catios, equipados para garantizar su bienestar pero aislados de la fauna silvestre. Al mismo tiempo, proponen eliminar gradualmente las colonias y los puntos de alimentación situados en espacios abiertos.

gatos callejeros
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Para los nuevos gatos domésticos, la recomendación pasa por mantenerlos dentro de las viviendas, permitirles acceder únicamente a recintos exteriores cerrados o sacarlos a pasear con correa, del mismo modo que se hace con los perros. El objetivo no sería castigar a los animales, sino impedir que la irresponsabilidad humana los convierta en una amenaza para otras especies.

El estudio advierte de que la situación actual resulta difícil de conciliar con la Estrategia de la Unión Europea sobre Biodiversidad para 2030, el Reglamento de Restauración de la Naturaleza y las directivas europeas de Aves y Hábitats. Por ello, reclama una gestión interdisciplinar en la que participen expertos en ecología, veterinaria, derecho ambiental, salud pública, urbanismo, ética y ciencias sociales.

La conclusión de los científicos choca de frente con el modelo consolidado por la ley animalista española: el objetivo a medio plazo debería ser retirar progresivamente de ciudades y espacios naturales a los gatos que deambulan libremente, garantizando su bienestar en entornos controlados y evitando que continúen depredando sobre una fauna silvestre que también está protegida por la ley.

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