Un equipo de investigadores húngaros ha publicado en la revista científica European Journal of Wildlife Research un estudio en el que analizan la migración primaveral de la becada (Scolopax rusticola) a partir de 24.124 ejemplares registrados entre 2010 y 2019. El trabajo se apoya en los datos del programa nacional de seguimiento de capturas de Hungría y constituye uno de los análisis más amplios realizados hasta la fecha sobre la relación entre meteorología y dinámica migratoria de esta especie en el centro de Europa.

Durante diez temporadas consecutivas, los autores compararon el número diario de aves registradas en el periodo clave de migración —entre el 1 de marzo y el 10 de abril— con variables meteorológicas como la temperatura mínima y la precipitación. Mediante modelos estadísticos de series temporales, trataron de responder a una pregunta que el mundo becadero se hace desde hace décadas: hasta qué punto el tiempo condiciona el paso primaveral.

La meteorología de marzo, clave en el paso

Las conclusiones son contundentes. El estudio demuestra que existe una relación clara y estadísticamente significativa entre la temperatura mínima, la lluvia y la intensidad del paso. En términos sencillos, cuando las noches son más templadas, el número de becadas en migración aumenta; cuando se producen episodios de lluvias intensas, frío severo o nevadas tardías, el movimiento se frena e incluso puede interrumpirse temporalmente.

En años con condiciones meteorológicas consideradas normales, el pico principal de migración en Hungría se sitúa entre el 16 y el 24 de marzo. Sin embargo, cuando el invierno ha sido suave y las condiciones en las áreas de invernada son favorables, la migración puede adelantarse hasta dos semanas.

Cambios temporales en el período migratorio principal de la becada durante la migración de primavera en Hungría entre 2010 y 2019. © Springer Nature

Por el contrario, en primaveras marcadas por anomalías —como ocurrió en 2013 y 2018— el patrón clásico de un pico bien definido desaparece y el paso se fragmenta en varias oleadas, con ascensos y descensos bruscos asociados a los cambios atmosféricos. En esos años, además, el periodo principal de migración se alargó varios días más que en temporadas estables.

Los investigadores detectan también una tendencia general al adelanto del calendario migratorio a lo largo de la década estudiada. De media, el grueso del paso se desplazó unos seis días hacia fechas más tempranas, superando los diez días en algunos años concretos. No obstante, advierten de que los episodios extremos de marzo pueden enmascarar parcialmente esa tendencia, retrasando movimientos y alterando la percepción global del cambio.

Un cazador anilla una becada. © Shutterstock

¿Qué significa esto para España?

Llegados a este punto, la pregunta es inevitable: ¿son extrapolables estas conclusiones a nuestro país? La respuesta exige matices.

Hungría se sitúa en la ruta migratoria suroeste–noreste que conduce hacia las áreas de cría del este y norte de Europa. Allí, la becada es fundamentalmente un ave en tránsito durante la primavera. España, en cambio, constituye una de las principales zonas de invernada de la especie en Europa occidental. Aquí no hablamos tanto de paso hacia el norte como de salida de aves invernantes y tránsito residual.

Dicho esto, hay elementos que sí pueden trasladarse al contexto ibérico. La influencia de la temperatura mínima sobre la actividad migratoria es un mecanismo biológico general, no exclusivo de Hungría. Del mismo modo, los episodios de frío intenso, temporales o lluvias persistentes pueden frenar movimientos y retrasar salidas también en la Península. Y la tendencia al adelanto primaveral detectada en este estudio encaja con lo observado en numerosas especies migratorias europeas en las últimas décadas.

Becada. © Shutterstock

Muchos cazadores españoles han comprobado en el monte que inviernos suaves seguidos de primaveras tempranas suelen traducirse en salidas más adelantadas, mientras que irrupciones frías tardías pueden retener aves durante más tiempo del esperado. En ese sentido, el trabajo húngaro aporta respaldo científico a una percepción extendida en el ámbito cinegético.

Sin embargo, no sería correcto trasladar automáticamente las fechas concretas observadas en Hungría —como el pico situado entre el 16 y el 24 de marzo— al calendario español. Las condiciones climáticas son distintas, el papel de nuestro territorio dentro de la ruta migratoria también lo es y los movimientos pueden depender en gran medida de lo que ocurra previamente en Francia u otras áreas de invernada intermedia.

En definitiva, el estudio no permite afirmar que en España suceda exactamente lo mismo, pero sí refuerza una idea central: la becada es extraordinariamente sensible a las condiciones meteorológicas de finales de invierno y comienzos de primavera, y su calendario migratorio está experimentando cambios medibles. La gran incógnita es si análisis de similar profundidad realizados en la Península confirmarían con datos propios lo que este trabajo ha demostrado en Europa central.

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