Durante años, buena parte de las políticas ambientales europeas han endurecido las exigencias sobre la ganadería extensiva en nombre de la protección del medio ambiente. Cada vez más restricciones, costes, burocracia y limitaciones están empujando poco a poco a muchos ganaderos a abandonar el campo. Ahora, un estudio científico internacional advierte de que ese proceso puede acabar generando un problema aún mayor para los ecosistemas: la desaparición del ganado del territorio está favoreciendo incendios, alterando la biodiversidad y transformando el paisaje rural europeo.
La investigación, publicada en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), analiza cómo la reducción del ganado extensivo está transformando pastizales y ecosistemas de medio mundo. El trabajo concluye que las zonas donde disminuye la cabaña ganadera están experimentando cambios ecológicos que pueden favorecer grandes incendios, alterar la biodiversidad e incluso modificar los flujos de agua y carbono.
El estudio ha sido desarrollado por José Daniel Anadón, investigador del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), y Osvaldo Sala, de la Arizona State University. Los autores sostienen que durante años la ciencia ha centrado casi toda la atención en los efectos negativos del sobrepastoreo, mientras se ignoraba otro fenómeno que avanza silenciosamente: la despoblación ganadera.
Según los datos analizados, regiones que concentran el 42% del ganado mundial han reducido sus cargas ganaderas en los últimos 25 años. En Europa del Este, por ejemplo, la caída ronda el 35%.
Menos ganado, más combustible en el monte
Uno de los aspectos que más preocupa a los investigadores es el aumento del riesgo de incendios forestales. La explicación es sencilla: cuando desaparece el ganado extensivo, la vegetación crece sin control y se acumula biomasa seca que acaba convirtiéndose en combustible.
Los autores explican que el pastoreo actúa como una herramienta natural de gestión del territorio y ayuda a mantener el equilibrio en muchos ecosistemas abiertos. Sin esa presión ganadera, determinadas especies vegetales más competitivas terminan dominando el paisaje y desplazando a otras más vulnerables.
Además, el estudio advierte de que estos cambios no son simplemente el efecto contrario al sobrepastoreo. Algunas transformaciones pueden resultar irreversibles y provocar desde extinciones locales hasta cambios permanentes en la estructura de los ecosistemas.

La investigación también desmonta otra idea muy extendida: que el abandono ganadero responde únicamente al cambio climático o al comercio global. Según los científicos, los factores decisivos son principalmente socioeconómicos y tecnológicos.
El campo cambia más rápido de lo que parece
Las regiones más ricas, con sistemas intensivos y mayor disponibilidad de piensos, tienden a depender menos del pastoreo tradicional y reducen el número de animales en extensivo. Esto está ocurriendo en buena parte de Europa, Norteamérica o China. Por el contrario, zonas con menos recursos y fuerte crecimiento demográfico, como partes de África o Sudamérica, han incrementado sus cargas ganaderas por la creciente demanda de proteína animal.
Los investigadores reconocen que la reducción del ganado también puede generar algunos efectos positivos, como un aumento de la captura de carbono gracias al crecimiento de la vegetación. Sin embargo, insisten en que el fenómeno obliga a replantear muchas políticas ambientales y agrarias.
El trabajo concluye que la desaparición progresiva de la ganadería extensiva no es solo un problema económico o social para el mundo rural. También representa un desafío ecológico de primer nivel que podría cambiar el paisaje europeo en las próximas décadas.








