En los últimos meses, la imagen de grandes instalaciones dedicadas a la cría de perdices en China se ha vuelto cada vez más frecuente en redes. No es una moda pasajera: detrás hay un modelo que mezcla producción ganadera, demanda alimentaria y un enfoque que, al menos sobre el papel, también apunta a la conservación y al desarrollo rural.

La escena la resume un vídeo compartido por la cuenta de Instagram @engormix, especializada en contenidos relacionados con la ganadería. En la publicación se explica que estas labores abarcan «desde incubadoras hasta la repoblación de áreas naturales», lo que deja claro que el fenómeno va más allá de una simple granja.

Y es que, según sostienen en el propio contenido, la cría de estas aves ya se ha convertido en un «negocio rentable y sostenible», impulsado por motivos que van «mucho más allá que solo carne y huevos».

De incubadoras al campo: así es el proceso de cría

El método comienza con la recolección de huevos, «cuidadosamente seleccionados y limpiados antes de ser colocados en incubadoras». Tras la eclosión, el cuidado se centra en mantener un entorno controlado, con temperaturas estables y alimentación adecuada para garantizar el desarrollo de los pollos.

A partir de ahí, el sistema se diversifica: parte de las perdices se crían en jaulas, mientras que otras pasan a espacios al aire libre, una fase que también se muestra en las imágenes del vídeo.

Este modelo, cada vez más común, está permitiendo escalar la producción y hacerla constante en el tiempo, algo clave cuando se busca convertir la actividad en un negocio estable y no en una explotación puntual.

Carne, huevos, plumas… y una idea de sostenibilidad

Entre los motivos principales está la carne, «apreciada por su sabor delicado y utilizada en diversas preparaciones culinarias», explican en el vídeo. Un producto que encaja tanto en cocina cotidiana como en platos más elaborados.

También están los huevos, muy valorados por su contenido nutricional, presentes en recetas tradicionales y también en propuestas gourmet. En un país con enorme mercado interno, el potencial es evidente.

Pero hay más: las plumas también entran en juego. «Se utilizan en la confección de adornos y artesanías, añadiendo un valor adicional a su crianza», añaden desde @engormix, dejando claro que se intenta aprovechar cada salida comercial posible.

Además, el vídeo sostiene que la actividad puede tener un componente ambiental: «La crianza de perdices en China también contribuye a la conservación de la algunas de sus especies y al desarrollo económico de las comunidades rurales. Al liberar pollos de perdiz en el campo, se promueve la liberación de áreas naturales, asegurando la sostenibilidad de esta práctica a largo plazo».

En definitiva, concluyen, la venta de carne, huevos y el uso de plumas termina cerrando un círculo económico que, según defienden, «Todo ello contribuye al equilibro económico y de conservación ambiental».

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