China ha vuelto a mover ficha en el tablero geopolítico asiático de una forma tan silenciosa como inquietante. En pleno mar de China Oriental, miles de barcos pesqueros han alterado de manera simultánea sus rutinas habituales para formar enormes alineaciones perfectamente definidas en aguas clave para el comercio internacional. Lo que a simple vista podría parecer actividad pesquera intensa es, según los expertos, algo muy distinto.

En las últimas semanas, el seguimiento por satélite ha revelado patrones de navegación anómalos, con embarcaciones agrupadas de forma precisa, manteniendo posiciones estables durante horas y dibujando estructuras impropias de la pesca tradicional. El tamaño de estas formaciones y su repetición en el tiempo han disparado las alarmas entre analistas y servicios de inteligencia.

Lejos de ser un fenómeno aislado, estas maniobras se han producido en fechas sensibles y siempre en las mismas aguas, lo que refuerza la idea de una planificación coordinada con objetivos que trascienden lo económico.

Una barrera flotante en una autopista marítima

El episodio más reciente tuvo lugar el pasado 11 de enero, cuando alrededor de 1.400 embarcaciones chinas se reunieron mar adentro hasta formar un rectángulo flotante de más de 320 kilómetros de longitud. La densidad era tal que varios buques mercantes se vieron obligados a rodear la formación o atravesarla describiendo zigzag.

Más de 1.400 pesqueros formaban una barrera de 320 kilómetros el pasado 11 de enero. © The New York Times

Lo más llamativo no fue solo la escala, sino la disciplina. En lugar de desplazarse siguiendo patrones de arrastre o cerco, los barcos permanecían prácticamente inmóviles, algo que, según los expertos, resulta incompatible con una faena pesquera normal.

Jason Wang, director de operaciones de la empresa de análisis marítimo ingeniSPACE, fue uno de los primeros en detectar el fenómeno al revisar los datos de seguimiento. Su reacción fue clara: «Me estaba diciendo a mí mismo: “Esto no está bien”». Y añadía: «He visto un par de cientos, pongamos unos cuantos cientos largos, pero nunca algo de esta escala o con una formación tan definida».

© The New York Times

El precedente de Navidad y la milicia marítima

Esta operación no fue la primera. El 25 de diciembre, cerca de 2.000 barcos se organizaron en dos líneas paralelas de unos 467 kilómetros cada una, formando una especie de “L invertida” en la misma zona. Dos concentraciones masivas en apenas semanas refuerzan la hipótesis de un entrenamiento encubierto.

Para numerosos analistas, estas maniobras encajan con el concepto de milicia marítima china, una red de embarcaciones civiles que puede ser movilizada por el Estado para tareas de vigilancia, presión o saturación en caso de crisis.

Lonnie Henley, exoficial de inteligencia estadounidense, considera que estos barcos no servirían para un bloqueo clásico, pero sí para complicar seriamente la operativa naval. Thomas Shugart, exoficial de la Marina y analista del Center for a New American Security, lo explicaba así: «Como señuelos de misiles y torpedos, saturando radares o sensores de drones con demasiados objetivos».

Desde Washington, Gregory Poling, director de la Asia Maritime Transparency Initiative, fue aún más directo: «Casi con toda seguridad no estaban pescando, y no se me ocurre ninguna explicación que no esté dirigida por el Estado». Y añadía: «Mi mejor suposición es que esto fue un ejercicio para ver cómo responderían los civiles si se les ordenara reunirse a gran escala ante una contingencia futura, quizá como apoyo a una cuarentena, un bloqueo u otras tácticas de presión contra Taiwán».

Japón, mientras tanto, ha optado por el silencio. Tanto su Ministerio de Defensa como la guardia costera evitaron valorar los hechos, alegando la protección de sus capacidades de recopilación de información.

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