El acceso al agua potable se ha convertido en uno de los grandes retos globales de las últimas décadas. Sequías más frecuentes, infraestructuras insuficientes y el aumento de la demanda están obligando a buscar soluciones innovadoras. En este contexto, un grupo de investigadores de la Universidad de Texas en Austin ha presentado una tecnología que podría cambiar la forma de obtener agua en determinadas situaciones: una chaqueta capaz de producir hasta 900 mililitros de agua potable al día a partir de la humedad presente en el aire.
La propuesta, publicada en la revista científica Science Advances, traslada a una prenda de vestir una tecnología que hasta ahora estaba asociada a equipos de captación atmosférica mucho más voluminosos y complejos. El sistema se basa en un tejido especial que absorbe el vapor de agua ambiental y lo dirige hacia pequeños módulos de recolección donde posteriormente se condensa.
Durante las pruebas realizadas por los investigadores, la prenda logró producir entre 400 y 900 mililitros diarios, dependiendo de las condiciones de humedad existentes en el entorno.

Un tejido capaz de convertir el aire en agua
El desarrollo ha sido liderado por el profesor Guihua Yu y su equipo, que decidieron replantear por completo el funcionamiento de los sistemas tradicionales de captación atmosférica de agua. En lugar de diseñar máquinas más grandes o eficientes, los científicos integraron la capacidad de captación directamente en las fibras textiles. El resultado es una estructura capaz de absorber la humedad ambiental, transportarla a través del tejido y concentrarla en puntos de recogida específicos.
Uno de los aspectos más destacados del proyecto es que resuelve uno de los problemas que históricamente han limitado este tipo de tecnologías: el transporte eficiente del agua absorbida. Muchos materiales presentan buenos resultados en laboratorio, pero pierden eficacia cuando se utilizan en aplicaciones reales.
Según los autores del estudio, la nueva estructura textil permite alcanzar rendimientos entre tres y diez veces superiores a los obtenidos por otros materiales similares empleados en sistemas de captación atmosférica.
Hidrogeles y energía solar
El corazón de la tecnología es un hidrogel avanzado fabricado a partir de materiales derivados de biomasa. Estos materiales absorben la humedad del aire durante las horas más favorables y liberan posteriormente el agua cuando reciben calor procedente del sol. El vapor generado se condensa y se almacena en forma líquida, lista para su consumo. Al aprovechar la energía solar para completar el proceso, el sistema reduce al mínimo sus necesidades energéticas y evita depender de baterías o conexiones eléctricas.
Esta característica podría resultar especialmente útil en zonas aisladas, campamentos temporales, refugios de emergencia o regiones afectadas por catástrofes naturales donde el acceso al agua potable es limitado.
Mucho más que una chaqueta
Los investigadores consideran que la ropa es solo una de las posibles aplicaciones de esta tecnología. Las mismas fibras podrían incorporarse en mochilas, tiendas de campaña, refugios temporales, lonas agrícolas o equipamiento militar, ampliando notablemente su capacidad de uso.
La idea de una tienda de campaña capaz de producir agua durante la noche o de refugios de emergencia que generen parte del agua necesaria para sus ocupantes ya no parece una hipótesis tan lejana.
Paralelamente, el mismo equipo ha desarrollado otro sistema de captación atmosférica que alcanzó aproximadamente 1,3 litros de agua potable al día durante pruebas realizadas tanto en el desierto de Chihuahua, en Nuevo México, como en distintas zonas de Texas. La producción llegó a los 4,3 litros por kilogramo de material captador, una cifra que supera registros anteriores obtenidos en condiciones similares.
Los autores destacan que las regiones con mayores posibilidades de beneficiarse de esta tecnología coinciden con algunas de las zonas con mayor estrés hídrico del planeta, incluyendo áreas del norte de África, Oriente Medio, India, Pakistán y parte del África subsahariana. Aunque no pretende sustituir las redes convencionales de abastecimiento, sí podría convertirse en una herramienta complementaria para mejorar la disponibilidad de agua allí donde más se necesita.








