El joven turolense Pablo Manuel Pastor llevaba tiempo siguiendo los pasos de un gran corzo localizado en Teruel. Sabía que se trataba de un animal viejo, grueso y de cuerna corta, pero la espesura impedía observarlo con detenimiento. El corzo se dejaba ver fugazmente entre el monte y nunca ofrecía el tiempo suficiente para apreciar su verdadero tamaño.
Pastor, responsable de la empresa de organización de cacerías Mudejar Hunting, decidió intentar cazarlo durante el celo del corzo junto a un cliente y amigo. Lo que inicialmente parecía un buen ejemplar terminó revelándose como uno de esos animales excepcionales cuyo aspecto cambia por completo cuando el cazador consigue tenerlo entre las manos.
«Era un corzo que tenía localizado, pero que no sabía la magnitud que tenía. Sabía que era un corzo gordo y corto, pero como el sitio donde salía era difícil y estaba entre el monte, pues no lo había llegado a ver con detenimiento, siempre deprisa», explica el joven a Jara y Sedal.
Dos jornadas tras el misterioso corzo
El intento comenzó el lunes 27 de julio, cuando ambos salieron al campo con la intención de encontrarlo. Durante aquella primera jornada únicamente observaron hembras y no hallaron rastro del macho. A la mañana siguiente creyeron distinguirlo, aunque la aparición fue demasiado breve y lejana para poder valorarlo correctamente.
Por la tarde regresaron al mismo lugar y se sentaron a esperar. También probaron a utilizar el reclamo, pero solo respondió una hembra joven. La luz comenzaba a desaparecer cuando finalmente vieron al macho entre el monte. El animal corría detrás de una corza y, al llegar a un pequeño bancal, se detuvo a unos 200 metros. Fue entonces cuando pudieron observarlo durante unos instantes y el cazador decidió efectuar el disparo.

Para el lance empleó un rifle Tikka T3x equipado con un visor Steiner Ranger 8 4-32×56, según ha explicado Pastor. El corzo salió corriendo después del disparo, pero el joven organizador advirtió por su reacción que había sido alcanzado: «Se fue corriendo, pero vi que le había dado porque pegó un buen salto».
Una sorpresa al acercarse al animal
La noche caía con rapidez y ambos decidieron comenzar inmediatamente el pisteo. Pastor estaba convencido de que el disparo había sido bueno y, después de avanzar aproximadamente 50 metros, encontraron al corzo. Solo entonces comprendieron las verdaderas dimensiones del animal. Su gruesa cuerna, corta, muy perlada y de color extraordinariamente oscuro, había resultado prácticamente imposible de valorar mientras permanecía escondido entre la vegetación.

«Era el corzo más grande que había cazado y no se imaginaba haber cazado un corzo tan grande y con ese color de cuerna tan oscuro», relata Pastor sobre la reacción de su cliente y amigo al llegar hasta él. El cazador apenas podía creer lo que acababa de conseguir y ambos aprovecharon el momento para fotografiarse junto al ejemplar. El aspecto de su dentadura ofreció además una pista sobre la edad del animal. Según la estimación realizada por Pablo tras examinar su acusado desgaste, el corzo podía tener entre siete y ocho años.
La singular cuerna y el enorme grosor de sus rosetas convierten a este viejo ejemplar turolense en un corzo difícil de olvidar. Una de esas sorpresas que todavía guarda el monte para quienes dedican tiempo a observarlo y que, hasta el último instante, permaneció oculto detrás de una apariencia engañosa.









