Cuando el termómetro supera los 40 grados y la sequía convierte muchas zonas del campo español en auténticos desiertos biológicos, la disponibilidad de agua pasa a ser una cuestión de supervivencia. En este escenario, miles de cazadores distribuidos por todo el país vuelven a desempeñar una labor silenciosa pero esencial: transportar, almacenar y mantener millones de litros de agua en bebederos y puntos de suministro que permiten a la fauna silvestre superar los episodios más extremos del verano.
Las imágenes captadas recientemente por una cámara instalada por la veterinaria @wildvetceline en uno de estos bebederos reflejan a la perfección la importancia de esta labor. En el vídeo puede verse cómo varias perdices rojas, un conejo, una cogujada común y otras pequeñas aves acuden al punto de agua para hidratarse en plena jornada de calor. Una escena cotidiana en muchos cotos españoles, pero que pone de manifiesto hasta qué punto estos dispositivos se han convertido en refugios imprescindibles para numerosas especies.
La situación se repite estos días en buena parte de la Península. Arroyos secos, fuentes agotadas y charcas reducidas a barro obligan a la fauna a concentrarse en los pocos puntos de agua disponibles. Allí donde la naturaleza ya no puede garantizar ese recurso básico, son los cazadores quienes, en muchos casos, asumen la responsabilidad de mantenerlo.
Una red de ayuda que beneficia a toda la fauna
Aunque la instalación de bebederos suele asociarse a especies cinegéticas como la perdiz roja, el conejo o la liebre, la realidad es que sus beneficios alcanzan a una gran diversidad de animales. Aves insectívoras, rapaces, pequeños mamíferos, reptiles e incluso especies protegidas utilizan estos puntos de agua durante los meses más secos del año.
Las grabaciones obtenidas en distintos cotos españoles muestran una afluencia constante de fauna. Lo que comienza como una medida de gestión cinegética acaba convirtiéndose en una herramienta de conservación con efectos directos sobre la biodiversidad local. Por ese motivo, numerosos gestores cinegéticos dedican parte de su tiempo y recursos a revisar periódicamente los depósitos, reparar averías, limpiar los bebederos y rellenarlos cuando las altas temperaturas aceleran la evaporación. Un trabajo que se intensifica precisamente durante las olas de calor como la que afecta actualmente a buena parte del país.

Millones de euros invertidos cada año
Según datos difundidos por la Fundación Artemisan y publicados por Jara y Sedal, el sector cinegético invierte alrededor de 27 millones de euros al año en actuaciones relacionadas con el suministro de agua para la fauna silvestre. Esta cifra incluye la instalación y mantenimiento de bebederos, depósitos, sistemas de transporte de agua y otras infraestructuras destinadas a garantizar la disponibilidad del recurso.
Se trata de una de las mayores inversiones privadas en conservación que se realizan en España y, además, se lleva a cabo de forma descentralizada a través de miles de sociedades de cazadores, clubes deportivos y titulares de cotos repartidos por toda la geografía nacional. A esa inversión económica hay que sumar miles de horas de trabajo voluntario, desplazamientos y labores de mantenimiento que rara vez trascienden fuera del ámbito rural, pero que resultan fundamentales para sostener numerosos ecosistemas durante los meses más críticos.
De Albacete a Andalucía: ejemplos de gestión sobre el terreno
Uno de los ejemplos más destacados se produjo en la provincia de Albacete. Allí, la Federación de Caza de Castilla-La Mancha, en colaboración con la Diputación Provincial, impulsó la instalación de 220 bebederos de hormigón destinados a paliar los efectos de la sequía sobre la fauna silvestre.

El proyecto permitió poner a disposición de los animales cerca de 17.000 litros de agua, repartidos entre distintos municipios de la provincia y gestionados por sociedades locales de cazadores.
La misma filosofía puede observarse en Andalucía, donde la Federación Andaluza de Caza difunde habitualmente vídeos en los que se muestra el trabajo de transporte de agua, reparación de infraestructuras y seguimiento de los bebederos. Una labor constante que se desarrolla durante todo el año, pero que adquiere una importancia especial cuando las temperaturas alcanzan niveles extremos.
Las imágenes de perdices, conejos y pequeñas aves compartiendo un mismo bebedero en plena ola de calor son la prueba más evidente de ello. Mientras el campo se reseca y las fuentes naturales desaparecen, estos puntos de agua se convierten en auténticos oasis para la fauna. Y detrás de cada uno de ellos suele haber el mismo denominador común: cazadores que dedican tiempo, esfuerzo y recursos para que miles de animales puedan seguir encontrando algo tan básico como un lugar donde beber.








