La expansión de la peste porcina africana (PPA) en Cataluña ha colocado a la comunidad autónoma en el centro de una de las mayores emergencias sanitarias que afectan actualmente a la fauna silvestre y al sector ganadero español. Según los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, ya se han confirmado 56 focos de la enfermedad y 344 jabalíes positivos distribuidos en distintos municipios del área metropolitana de Barcelona. Mientras administraciones, veterinarios y productores trabajan para evitar que el virus alcance las explotaciones porcinas, existe un colectivo cuya labor está resultando fundamental para intentar contener la enfermedad: los cazadores.
Sin embargo, pese a desempeñar un papel clave dentro del dispositivo de control, muchos de ellos consideran que su trabajo apenas ha sido reconocido públicamente. Son quienes pasan horas realizando aguardos diurnos y nocturnos, participan en batidas, colaboran en la instalación de trampas y asumen buena parte de los costes derivados de esta lucha sanitaria.
Para conocer de primera mano cómo se está viviendo esta situación, Jara y Sedal ha hablado con Joaquín Zarzoso, presidente de la Federación Catalana de Caza y también responsable de una sociedad de cazadores afectada por las restricciones impuestas tras la aparición de la enfermedad. Antes de entrar en el detalle de las medidas adoptadas, Zarzoso insiste en una idea que repite durante toda la conversación: la situación actual ha transformado completamente la actividad cinegética en las zonas afectadas. «Lo que estamos realizando ahora no es cazar jabalíes. Lo que estamos haciendo ahora es abatir jabalíes con la finalidad única y exclusiva de evitar que la enfermedad pudiera salir de esta zona».
Un territorio paralizado por la emergencia sanitaria
La declaración de una zona afectada por peste porcina africana supone un cambio radical para cualquier sociedad de cazadores. Zarzoso explica que existen distintos niveles de restricción en función de la proximidad a los casos positivos detectados. En las áreas consideradas de alto riesgo, donde se han localizado animales infectados, la actividad cinegética habitual desaparece prácticamente por completo. En las zonas comprendidas entre los diez y los veinte kilómetros alrededor de los focos, conocidas como zona blanca, únicamente se permite la reducción intensiva de jabalíes mediante distintas modalidades autorizadas de control poblacional.

Esto significa que la caza menor queda suspendida y cualquier aprovechamiento cinegético normal queda paralizado. Las sociedades pasan de gestionar especies y organizar jornadas de caza a convertirse en una pieza más dentro de un dispositivo sanitario de emergencia. Las consecuencias sobre el tejido asociativo están siendo importantes y muchas entidades están viendo cómo disminuye progresivamente el número de socios. «En mi caso he perdido un tercio de socios», asegura Zarzoso.
La explicación es sencilla. Muchos cazadores se apuntan a una sociedad para desarrollar distintas modalidades cinegéticas y no únicamente para participar en controles de jabalíes. Cuando esa posibilidad desaparece durante meses, parte de ellos opta por buscar otros terrenos o abandonar directamente la actividad. La situación resulta especialmente delicada debido al envejecimiento del colectivo. «Hay mucha gente que no puede salir a cazar en su municipio y lo que provoca es que cuelgue la escopeta para siempre», añade.
Abatir más jabalíes: la estrategia para contener el virus
La receta aplicada en el terreno es clara: reducir al máximo la densidad de jabalíes para impedir que la enfermedad pueda extenderse fuera de la zona actualmente delimitada. Según explica el presidente de la Federación Catalana de Caza, los cazadores están utilizando todas las herramientas disponibles. Se realizan batidas, aguardos diurnos, esperas nocturnas con equipos de visión térmica, además de instalar trampas de captura y sistemas específicos junto a la Administración.
La intensidad del esfuerzo es enorme. Las actuaciones se desarrollan prácticamente a diario y obligan a los participantes a dedicar una cantidad considerable de tiempo. El problema es que la llegada del verano está complicando aún más estas labores. Las altas temperaturas reducen las horas útiles para organizar batidas y aumentan los riesgos para los perros empleados en ellas. Muchas actuaciones deben concentrarse a primera hora de la mañana para evitar golpes de calor y otros problemas derivados de las temperaturas extremas. «Lo primero que tiene que mirar una sociedad de cazadores es salvaguardar el bienestar de sus propios perros», apunta Zarzoso.

La situación tampoco mejora durante las esperas nocturnas. Las elevadas temperaturas registradas durante la noche en las últimas semanas están dificultando también estas actuaciones.
La burocracia inicial y el aprendizaje acelerado
Uno de los aspectos más complicados durante los primeros meses fue la coordinación entre la Administración, la Federación y las sociedades locales. La lucha contra la peste porcina africana obligó a poner en marcha procedimientos que hasta entonces apenas se utilizaban. Muchos cazadores tuvieron que formarse para poder emplear legalmente equipos de visión térmica y nocturna en controles poblacionales.
Zarzoso reconoce que los comienzos no fueron sencillos. «No ha sido nada fácil». Sin embargo, asegura que la situación ha mejorado notablemente en las últimas semanas. La Federación Catalana de Caza ha conseguido participar directamente en la formación de cazadores, algo que inicialmente realizaba exclusivamente la Administración. Gracias a ello, cerca de noventa nuevos cazadores han podido incorporarse a las labores de control.
Además, destaca que la Generalitat ha aumentado los recursos económicos y humanos destinados a esta emergencia. Pese a ello, sigue existiendo una realidad que preocupa al colectivo: buena parte de la carga logística continúa recayendo sobre los propios cazadores. Son ellos quienes deben retirar los animales abatidos, extraer muestras sanguíneas para los análisis, trasladarlas a las oficinas correspondientes y llevar los cadáveres a los puntos habilitados para su destrucción. «El colectivo de cazadores sigue poniendo tiempo y dinero de su bolsillo».
El objetivo: eliminar 1.500 jabalíes en la zona blanca
Uno de los datos más llamativos que revela Zarzoso durante la entrevista concedida a Jara y Sedal es la magnitud del objetivo marcado por la Administración. Solo en la denominada zona blanca existe una previsión de reducir aproximadamente 1.500 jabalíes en apenas tres meses.

Se trata de una cifra enorme que da una idea de la intensidad de los controles que se están desarrollando. Para intentar alcanzar ese objetivo, la Generalitat y la Federación Catalana de Caza han firmado un convenio de servicios dotado con 273.000 euros. Ese dinero servirá para apoyar a las sociedades implicadas y facilitar la continuidad de los controles. «La administración nos está apretando para intentar reducir estas densidades», reconoce.
No obstante, el acuerdo permitirá compensar parcialmente a las sociedades por los animales abatidos, proporcionar equipamiento especializado y apoyar a los equipos de perreros que participan en las batidas.
Visores térmicos que cuestan miles de euros
Buena parte de los recursos económicos del convenio se destinarán a facilitar equipamiento tecnológico a los cazadores. La Federación ya ha distribuido visores térmicos y monoculares entre algunas de las sociedades más activas en los controles nocturnos. No se trata de herramientas baratas. Zarzoso recuerda que un equipo de gama media puede costar entre 3.000 y 4.000 euros. Y eso sin contar el arma, que sigue siendo propiedad del cazador.
El problema es que un único equipo resulta insuficiente cuando en una misma sociedad participan varios cazadores en los controles. Por ello considera imprescindible que las administraciones continúen reforzando el apoyo material a quienes están participando en estas actuaciones: «Esto no es caza, esto es eliminar jabalíes», destaca.

Los perros también están pagando el precio
Otro de los colectivos directamente afectados por esta situación son los perreros. Los perros de caza desempeñan un papel fundamental en muchas de las batidas organizadas para reducir las poblaciones de jabalíes. La Federación prevé vacunar y desparasitar gratuitamente a más de 400 perros que están participando activamente en la lucha contra la peste porcina africana. Además, estudia fórmulas para facilitar coberturas veterinarias frente a las lesiones producidas durante los enfrentamientos con los jabalíes.
Y es que las fechas actuales aumentan el riesgo. Muchas hembras van acompañadas de rayones y reaccionan de forma especialmente agresiva cuando perciben una amenaza. Esto provoca un incremento de las heridas y de los gastos veterinarios que deben afrontar los propietarios de los perros.

La crítica a años de permisividad
Entre las reivindicaciones planteadas por Joaquín Zarzoso aparece una especialmente contundente. A su juicio, nunca debería haberse permitido que determinadas poblaciones de jabalíes alcanzaran las densidades actuales en áreas próximas a núcleos urbanos. El dirigente catalán menciona específicamente zonas como Collserola o el entorno de la Universidad Autónoma de Barcelona, donde se detectaron algunos de los primeros positivos. Según explica, durante años se toleraron situaciones que favorecieron el crecimiento de estas poblaciones: «La administración nunca debería haber permitido que estos jabalís estuvieran en estas zonas».
También critica la alimentación directa por parte de algunos vecinos y la facilidad con la que los animales han encontrado recursos alimenticios cerca de áreas urbanas. A su entender, esta combinación de factores ha contribuido a generar el escenario actual.
Ayudas urgentes para evitar el colapso
Más allá del control sanitario, existe una preocupación creciente relacionada con la supervivencia económica de muchas sociedades de cazadores. La pérdida de socios, sumada a los gastos extraordinarios derivados de la lucha contra la PPA, está erosionando sus recursos. Munición, desplazamientos, combustible, alimentación y cuidados veterinarios son costes que continúan asumiendo los propios cazadores: «Somos entidades sin ánimo de lucro», recuerda el presidente de los cazadores catalanes sobre una situación que les está poniendo al límite.

Optimismo pese a todo
Por todo ello la Federación reclama ayudas directas que permitan mantener la actividad mientras dure la emergencia. Existen compromisos anunciados tanto por la Generalitat como por Interporc, pero el sector espera que esas ayudas lleguen cuanto antes: «Lo que no podemos permitir es que sigamos poniendo nuestro tiempo y sobre todo nuestro dinero».
A pesar de las dificultades, Zarzoso se muestra moderadamente optimista sobre la evolución de la situación. La razón principal es que, por ahora, los controles realizados fuera de la zona de alto riesgo están ofreciendo resultados esperanzadores. Las analíticas efectuadas a los jabalíes capturados o abatidos fuera del área más comprometida están dando negativo. Eso sugiere que, al menos de momento, la enfermedad permanece contenida dentro del perímetro establecido por las autoridades sanitarias. «La realidad a día de hoy es que el colectivo de cazadores está muy implicado», destaca.
Aunque el presidente reconoce que la peste porcina africana ha demostrado en otros países europeos su enorme capacidad de expansión, considera que todavía existen motivos para confiar en que la estrategia de contención pueda funcionar.
Una llamada a la sociedad y a los políticos
La entrevista concluye con una reflexión sobre el papel de la caza en la gestión de problemas sanitarios y medioambientales. Zarzoso considera que la crisis de la peste porcina africana ha servido para que parte de la sociedad conozca mejor el trabajo que realizan los cazadores. «Es de las pocas veces que he visto que los diferentes medios de comunicación ponen en valor esta labor social que estamos realizando».
También reclama a las administraciones que defiendan una actividad que considera esencial para afrontar desafíos como la propia peste porcina africana o enfermedades como la tuberculosis animal.
Su mensaje final es claro: la lucha contra la PPA no afecta únicamente a las sociedades cercanas a Barcelona ni a las zonas donde han aparecido los focos. Se trata de un problema que puede tener consecuencias para toda Cataluña y para el conjunto de España si la enfermedad logra extenderse. Por eso insiste en que la implicación de los cazadores no debe interpretarse como una cuestión local o sectorial, sino como una actuación de interés general.
Mientras las cifras de focos continúan creciendo y las administraciones mantienen el nivel máximo de vigilancia, decenas de sociedades de cazadores siguen saliendo al campo cada día. Lo hacen bajo el calor del verano, asumiendo gastos propios y dedicando miles de horas a una tarea que poco tiene que ver con la actividad cinegética tradicional. Su objetivo, según repite una y otra vez el presidente de la Federación Catalana de Caza, es sencillo: evitar que una enfermedad que ya ha puesto en jaque a buena parte de Europa consiga escapar del perímetro donde todavía permanece contenida.








