Los veteranos cazadores de espera llevan décadas hablando de ello. La figura del llamado jabalí escudero forma parte de esas historias que muchos aseguran haber visto alguna vez en el monte, aunque no siempre resulte sencillo demostrarlo. Ahora, un vídeo difundido en redes sociales por el cazador jiennense José Guirao, conocido por divulgar contenidos cinegéticos en Instagram a través de la cuenta @todocazayt y embajador de Winchester, ha vuelto a poner sobre la mesa ese comportamiento tan característico de algunos grandes macarenos.

Las imágenes, grabadas con visión térmica durante una espera nocturna, muestran a un gran macho que permanece inmóvil y oculto mientras un ejemplar más pequeño entra primero al cebadero. Solo cuando el veterano considera que no existe peligro se decide a avanzar. La escena ha generado miles de visualizaciones y numerosos comentarios entre aficionados a las esperas del jabalí.

En el vídeo, acompañado del texto «¡Lo nunca visto! Astuto jabalí se tumba para esperar a que entre el pequeño primero», puede apreciarse cómo el gran cochino permanece agazapado durante varios segundos observando el entorno antes de exponerse.

El propio José Guirao explicaba en comentarios que el objetivo del titular era llamar la atención, aunque reconocía que se trata de un comportamiento conocido por muchos aguardistas experimentados. «Ya sé que es algo que se puede ver de vez en cuando pero el haberlo grabado es poco común», respondía a uno de los usuarios.

Otros aficionados identificaron rápidamente la escena con la figura del llamado escudero. «Acá le llamamos escuderos los grandes suelen andar con uno o dos escuderos más chicos», escribía un seguidor argentino. Desde la cuenta TodoCaza respondían: «Aquí también los llamamos escuderos».

El eterno debate del jabalí escudero

En el mundo de las esperas, pocos asuntos generan tantas conversaciones como el del supuesto jabalí escudero. La teoría sostiene que algunos grandes machos, especialmente los más viejos y desconfiados, permiten que ejemplares jóvenes les precedan durante sus movimientos nocturnos para detectar posibles peligros antes de exponerse ellos mismos.

Hace años, Jara y Sedal ya abordó este fenómeno en un reportaje en el que distintos aguardistas aportaban sus experiencias sobre este comportamiento. Muchos coincidían en que los grandes macarenos, curtidos tras años esquivando monterías, perros y cazadores, desarrollan estrategias extremadamente cautelosas para sobrevivir.

Algunos aseguraban haber visto cómo el macho joven salía primero al cebadero mientras el viejo permanecía oculto entre el monte escuchando y venteando. Otros relataban incluso cómo, tras abatir a un cochino mediano, escuchaban al auténtico gran macho huir desde la espesura sin haber llegado siquiera a mostrarse.

La teoría más extendida entre los esperistas apunta a que no siempre existe una relación fija entre ambos animales, sino asociaciones temporales en las que el veterano aprovecha la presencia del joven para aumentar sus posibilidades de detectar cualquier amenaza.

Una escena pocas veces grabada con tanta claridad

Precisamente eso es lo que ha llamado la atención de muchos aficionados en el vídeo difundido por TodoCaza. No tanto el comportamiento en sí —bien conocido por quienes acumulan años de esperas nocturnas— como el hecho de haber conseguido documentarlo con tanta nitidez.

La secuencia refleja además uno de los rasgos más característicos de los grandes macarenos: la desconfianza. Son animales que han sobrevivido durante años gracias a una combinación de inteligencia, paciencia y prudencia extrema. Cualquier ruido extraño, un olor sospechoso o un movimiento fuera de lugar basta para hacerlos desaparecer sin dejar rastro.

Uno de los comentarios publicados bajo el vídeo resume bien esa percepción que muchos cazadores tienen de estos viejos cochinos: «Es increíble hasta podes estar al lado de ellos y no se mueven una estatua son que animales más inteligente».

Y es precisamente esa capacidad de adaptación la que convierte a algunos grandes machos en auténticos fantasmas del monte. Animales que rara vez se dejan ver de día y que, cuando finalmente aparecen en una cámara o en un cebadero, suelen hacerlo siguiendo estrategias tan calculadas como la que ha grabado José Guirao.

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