El inicio de la temporada del salmón en Asturias ha dejado una imagen insólita que empieza a inquietar tanto a pescadores como a científicos. Más de diez días después de que se abriera la campaña el pasado 18 de abril, el esperado ‘campanu’, el primer salmón del año, sigue sin aparecer en los ríos del Principado. Nunca antes se había registrado un retraso similar.

La ausencia de capturas rompe una tradición profundamente arraigada en la región, donde lo habitual era que el primer ejemplar picara incluso en la jornada inaugural. Este año, sin embargo, los caudales parecen vacíos de salmones, algo que muchos ya temían tras los datos de campañas anteriores.

La referencia más reciente tampoco invita al optimismo. En 2025 hubo que esperar cuatro días hábiles para que se produjera la primera captura, cuando Javier Bueno sacó un ejemplar de casi siete kilos en el río Narcea. Ahora, ese retraso ya ha sido ampliamente superado.

Una especie en declive

Detrás de este fenómeno no solo hay mala suerte. Los expertos llevan años advirtiendo de la caída de las poblaciones de salmón atlántico. La combinación de factores como la degradación de los ríos, el aumento de la temperatura del agua y la presencia de obstáculos ha llevado a la especie a una situación crítica.

El zoólogo David Álvarez, de la Universidad de Oviedo, lleva tiempo analizando esta tendencia. Sus datos son contundentes: hace cuatro décadas se pescaban más de 6.000 salmones al año en Asturias, mientras que en 2025 apenas se alcanzaron los 127 ejemplares. Álvarez considera insuficientes las medidas adoptadas hasta ahora. A su juicio, retrasar el inicio de la temporada o actuar sobre depredadores como los cormoranes no ha dado resultado. Defiende la necesidad de un parón biológico inmediato que permita recuperar las poblaciones.

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Restricciones y menos capturas

La Administración autonómica ya ha tomado decisiones ante este escenario. Este año solo se ha autorizado la captura de un máximo de 154 salmones, lo que supone un recorte del 75% respecto a la campaña anterior. Además, se ha limitado el cupo a un solo salmón por pescador, se han reducido horarios y se han acotado tramos de río. Pese a ello, más de 5.200 aficionados cuentan con licencia para pescar esta temporada, aunque la cifra también ha descendido ligeramente respecto al año pasado.

Estas restricciones reflejan la gravedad del momento, pero también generan incertidumbre en un colectivo que ve cómo la tradición pierde fuerza año tras año.

Una subasta en el aire

La falta del ‘campanu’ no solo afecta al ámbito deportivo o ecológico. También tiene repercusiones económicas y sociales. La tradicional subasta del primer salmón, que cada año enfrenta a Cornellana y Cangas de Onís, sigue sin fecha.

En las últimas ediciones, este evento ha alcanzado cifras destacadas, superando los 10.000 euros e incluso rozando los 20.000 en 2024. El año pasado, el primer ejemplar se adjudicó por 10.100 euros a una sidrería de Oviedo. Por ahora, el silencio de los ríos mantiene en vilo a todo el sector. La espera se alarga y, con ella, crece la sensación de que algo más profundo está ocurriendo en los ecosistemas fluviales asturianos.

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