El jabalí es uno de los grandes quebraderos de cabeza para agricultores, gestores y sociedades de cazadores en buena parte de Europa. Sus daños en cultivos suelen parecer imprevisibles, pero una investigación publicada en la revista científica Animals acaba de poner números a una realidad que muchos agricultores conocen bien: sus incursiones en el campo siguen un calendario bastante preciso.
El trabajo, firmado por Paweł Nasiadka, Daniel Klich, Wanda Olech y Maria Sobczuk, de la Warsaw University of Life Sciences, analizó 9.871 casos de daños causados por jabalíes en el distrito forestal de Spała, en el centro de Polonia, durante más de dos décadas. El estudio se centró en una zona de unas 5.000 hectáreas agrícolas donde la estructura de los cultivos apenas cambió, lo que permitió observar con bastante claridad el comportamiento estacional de la especie.
La conclusión principal es que los jabalíes no dañan los cultivos de manera aleatoria. Según los investigadores, muestran preferencias alimentarias por estaciones. En primavera buscan sobre todo pastos y praderas; en verano entran con fuerza en los cereales; a comienzos del otoño se interesan por las leguminosas; y, ya avanzado el otoño, los daños se concentran en cultivos de raíz como la patata.
Dos grandes picos de daños durante el año
El estudio detectó dos momentos especialmente sensibles. El primero aparece en primavera, sobre todo en marzo y abril, cuando los daños se concentran en praderas y pastos. En ese periodo no se registran tantos ataques como en verano, pero cuando se producen pueden ser muy severos. Los jabalíes hozan en busca de raíces, brotes tiernos, insectos y lombrices, dejando superficies muy removidas.
El segundo gran pico llega entre julio y septiembre, coincidiendo con la maduración y cosecha de muchos cultivos. En esos meses se registró el mayor número de incidencias, especialmente en cereales, leguminosas y otros cultivos como la patata. La diferencia es que, aunque los daños fueron mucho más frecuentes, la severidad media de cada episodio resultó menor que en primavera.

Los investigadores resumen este comportamiento en tres patrones: daños raros pero graves, daños frecuentes pero más leves y un patrón intermedio. En primavera, con menos jabalíes sobre el terreno, los ataques pueden ser muy destructivos. En verano y otoño, con poblaciones más altas y más alimento disponible, las incursiones aumentan, pero el daño se reparte entre más parcelas.
Cereales en verano, raíces en otoño
La secuencia descrita por el estudio parece casi un mapa alimentario del jabalí. En julio, los daños se dispararon sobre los cereales, especialmente en cultivos como centeno, triticale, avena, cebada o trigo. En agosto aparecieron con más fuerza las leguminosas, mientras que en septiembre y octubre el protagonismo pasó a los cultivos de raíz, con la patata como uno de los más afectados.
En total, los daños se registraron sobre 23 tipos de cultivos. La investigación señala que, de media, los jabalíes destruyeron alrededor del 34% de la superficie afectada en cada caso. En 448 expedientes, aproximadamente el 4,5% del total, la parcela quedó completamente arrasada.
El maíz, aunque ocupaba poca superficie en la zona estudiada, mostró una severidad elevada cuando fue atacado. También destacaron los daños en leguminosas y cultivos de raíz, con porcentajes de destrucción superiores a los observados en buena parte de los cereales.

Una herramienta para prevenir daños y controlar enfermedades
Los autores sostienen que conocer este patrón puede ayudar a agricultores y gestores a anticiparse. No se trata solo de reaccionar cuando el daño ya está hecho, sino de concentrar medidas preventivas en los momentos y cultivos más vulnerables: vigilancia en praderas durante la primavera, especial atención a los cereales en verano y protección de tubérculos y raíces en el otoño.
El estudio también vincula esta información con la gestión sanitaria. La peste porcina africana, que afecta a suidos domésticos y salvajes, ha obligado en los últimos años a replantear la gestión del jabalí en buena parte de Europa. Por eso, los investigadores defienden estrategias más adaptativas, que tengan en cuenta tanto los daños agrícolas como los riesgos sanitarios.
Su propuesta pasa por ajustar la presión cinegética a los momentos clave del año. En primavera, recomiendan centrar los esfuerzos en animales jóvenes, evitando hembras gestantes. En otoño, entre septiembre y noviembre, plantean reducir la densidad antes del periodo reproductor. Una gestión, en definitiva, basada menos en la improvisación y más en lo que ya marca el propio calendario del jabalí.








