La sucesión de borrascas que está atravesando España en las últimas semanas no solo ha alterado la rutina diaria en el medio rural, sino que está teniendo un impacto directo en una de las modalidades más tradicionales del calendario cinegético: la perdiz con reclamo. Una campaña que suele vivirse con expectación y mimo está arrancando este año entre agua, frío y muchas dificultades.

El invierno siempre ha sido parte del juego para el reclamista, pero lo que está ocurriendo esta temporada se sale de lo habitual. La lluvia constante, la ausencia de ventanas de sol y el mal estado del terreno están condicionando tanto el comportamiento de las perdices como la posibilidad real de salir al campo en condiciones mínimamente favorables.

Quienes practican esta modalidad hablan de una sensación generalizada de impotencia. No se trata solo de pasar frío o mojarse, sino de que el pájaro no responde igual y el escenario no acompaña. El resultado es una temporada que avanza sin ritmo, con días contados y muchas jornadas perdidas antes incluso de empezar.

El reclamo necesita sol para funcionar

Antonio Gallardo, experto cazador de perdiz con reclamo y autor del libro La perdiz con reclamo en la España rural y urbana, explica a Jara y Sedal que el problema no es tanto el frío en sí como la falta de calor en las horas centrales del día. «Baja tanto la jaula como el campo, porque claro, el frío no viene bien», relata sobre las borrascas que están afectando al sur peninsular. «No le viene bien, no es muy bueno, porque el pájaro necesita calentarse. El pájaro necesita tomar sol, el sol es necesario para calentarse», asegura.

Perdiz roja en un día lluvioso. © Shutterstock

Según Gallardo, el frío siempre ha estado presente en esta modalidad, pero antes había un factor clave que ahora falta. «Siempre ha hecho frío en la época en la que se caza el reclamo. Pero siempre el pájaro a la hora central del día se ha calentado, se ha venido arriba… Y eso le afecta a la hora de cazarlo».

Esa falta de activación se nota tanto en el reclamo como en el comportamiento de las perdices del campo, que no terminan de responder como deberían en pleno celo. Aun así, el experto relativiza el impacto directo de la lluvia sobre las aves. «No es muy dramático el tema de que llueva tanto para la perdiz en el campo. Lo peor está en lo contrario», advierte.

Caminos impracticables y días perdidos

Más allá del comportamiento del pájaro, el estado del terreno está siendo otro de los grandes enemigos de la temporada. «Los caminos están imposibles, no se pueden poner en cualquier lado», señala Gallardo, que resume una queja común entre los aficionados.

Incluso cuando aparece una pequeña tregua, salir no siempre es viable. «Cuando puedes salir… cuando tienes un claro, no te puedes ir a esos sitios más lejanos o que más te gusta. Por el tema de que quizá no entres con el vehículo y todo eso», se resigna.

La consecuencia es clara: jornadas que se pierden sin remedio y una temporada que avanza sin dar opción a recuperar el tiempo. «Sí es verdad que se va a pasar. Se va a pasar la temporada reclamista y no vamos a poder salir, porque aquí llueve y llueve», relata a Jara y Sedal experto andaluz.

Aun así, Gallardo asume la situación como parte de la propia modalidad. «Esta es la modalidad de los inconvenientes. Cuando no te llueve un día, te pasa un coche al lado, cuando no la rapaz, cuando no te entra un perro…». Este año, sin embargo, el agua se ha convertido en el principal obstáculo, marcando una campaña extraña, irregular y frustrante para muchos reclamistas.

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