La sanidad de los animales silvestres también tiene consecuencias para quienes salen al campo y manipulan las piezas de caza. Una investigación desarrollada en Portugal ha encontrado anticuerpos frente a Coxiella burnetii, la bacteria causante de la fiebre Q, en ciervos y jabalíes de dos regiones cinegéticas del país. El hallazgo permite conocer mejor la exposición de estas especies a un patógeno capaz de afectar a las personas.
El estudio, publicado en la revista científica Animals, se basa en muestras de sangre recogidas entre 2011 y 2021 de animales cazados legalmente. Sus autores analizaron 162 jabalíes y 117 ciervos, procedentes de Trás-os-Montes, en el noreste portugués, y Beira Baixa, en el centro-este. Los resultados respaldan la incorporación de la fauna silvestre a los programas de vigilancia de esta enfermedad.
Qué encontraron en los animales analizados
La investigación detectó anticuerpos en el 6,8 % de los jabalíes y el 13,7 % de los ciervos mediante criterios de interpretación adaptados a cada especie. Entre los jabalíes, la exposición fue mayor en Beira Baixa que en Trás-os-Montes, lo que apunta a diferencias territoriales que merecen seguir investigándose.
Otro resultado relevante afecta a las pruebas utilizadas. El umbral comercial de referencia clasificaba como positivas muchas menos muestras que los criterios específicos empleados por los investigadores. Esto pone de manifiesto la necesidad de validar herramientas diagnósticas para estas especies y mejorar la interpretación de los análisis en fauna silvestre.
Conviene precisar qué significa encontrar anticuerpos: son una señal de que el animal ha estado expuesto a la bacteria. El estudio no demuestra que los ejemplares analizados estuvieran eliminando el patógeno ni que hubieran contagiado a personas o ganado. Sus conclusiones señalan expresamente que todavía debe aclararse el papel de ambas especies en el mantenimiento y la transmisión de la infección.

Por qué interesa a los cazadores
La fiebre Q es una zoonosis, una enfermedad que puede transmitirse de los animales a las personas. Una vía fundamental de infección es la inhalación de polvo o aerosoles contaminados. Por tanto, su interés para el cazador alcanza al contacto con animales, restos y entornos contaminados, más allá de las cuestiones relacionadas con el aprovechamiento alimentario de la carne.
Las autoridades sanitarias incluyen a los cazadores entre los colectivos con riesgo de exposición, junto con ganaderos, veterinarios y trabajadores que manipulan animales o sus productos. Además, un animal infectado puede parecer sano, por lo que su aspecto externo no permite descartar la presencia de la bacteria.
La caza aporta muestras para conocer la salud de la fauna
El trabajo también ilustra la utilidad de las piezas cazadas para obtener información sanitaria. En esta investigación, las muestras procedentes de la actividad cinegética permitieron estudiar la exposición de dos especies ampliamente distribuidas y comparar los resultados entre zonas.
Los autores proponen integrar la vigilancia de la fauna en las estrategias de seguimiento de la fiebre Q. Para el sector cinegético, el hallazgo aporta un motivo concreto para mantener la colaboración con veterinarios e investigadores: las muestras obtenidas durante las jornadas de caza ayudan a conocer enfermedades que afectan a la fauna, al ganado y a las personas.








