El 20 de marzo de 2022 quedó grabado en la memoria del mundo rural como una jornada sin precedentes. Aquel día, Madrid se convirtió en el epicentro de una movilización histórica que reunió a cientos de miles de personas llegadas de toda España, en su mayoría cazadores, que alzaron la voz frente a las políticas que consideraban una amenaza para su forma de vida.

La conocida como manifestación del 20M no solo desbordó todas las previsiones, sino que evidenció la capacidad de movilización de un colectivo que, hasta entonces, nunca había mostrado una fuerza semejante en las calles. La capital quedó literalmente teñida de naranja en una imagen que dio la vuelta al país.

Años después, el aniversario de aquella jornada invita a mirar atrás y analizar el impacto de una protesta que marcó un punto de inflexión tanto para la caza como para el conjunto del mundo rural.

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En el centro, José María Mancheño, presidente de la Federación Andaluza de Caza, durante el 20M. © Israel Hernández

Una movilización sin precedentes en Europa

La magnitud de la convocatoria sorprendió incluso a sus organizadores. Se esperaban en torno a 200.000 asistentes, pero la cifra final se disparó hasta los 800.000 participantes, según la organización, mientras que fuentes policiales la situaron entre 500.000 y 550.000. En cualquier caso, números que la convierten en la mayor protesta del ámbito rural celebrada en Europa.

La imagen de la Castellana abarrotada y una marea humana vestida de naranja se convirtió en el símbolo de una jornada histórica. El color elegido permitió visualizar con claridad que la gran mayoría de asistentes pertenecía al colectivo cinegético, reforzando la identidad de una movilización que trascendió el propio sector.

Varios cazadores ofrecen jamón a reporteros de La Sexta, medio de comunicación que también ‘olvidó’ la multitudinaria presencia de los cazadores en la manifestación.

No era la primera vez que los cazadores salían a la calle, pero sí la más multitudinaria. La anterior gran referencia se remontaba a 2008, cuando unas 300.000 personas protestaron en Madrid. El 20M prácticamente triplicó aquella cifra, consolidando al sector como uno de los principales actores sociales del entorno rural.

Además, la movilización se situó entre las más numerosas de la historia reciente de España, solo superada por las grandes protestas contra el terrorismo o acontecimientos de enorme impacto nacional.

Multitud de aficionados andaluces, en este caso de Málaga, se desplazaron hasta la capital española para decir basta.

El hartazgo del mundo rural

Detrás de aquella respuesta masiva había un sentimiento compartido de hartazgo. Los asistentes protestaban contra medidas legislativas como la reforma del Código Penal o el anteproyecto de Ley de Bienestar Animal, que consideraban perjudiciales para la actividad cinegética y, en general, para el medio rural.

Bajo lemas como ‘Juntos por el Campo’ o ‘El mundo rural despierta’, la manifestación sirvió para reclamar respeto, reconocimiento y un mayor peso en las decisiones políticas. No solo participaron cazadores, sino también agricultores, ganaderos y ciudadanos vinculados al campo.

Uno de los aspectos más destacados fue la capacidad de convocatoria a nivel nacional. Acudieron participantes de prácticamente todas las provincias, incluso desde las islas, algo poco habitual en este tipo de movilizaciones.

Aficionados asturianos protestaron contra la prohibición de la caza del lobo argumentando que eran múltiples los casos del ataque del cánido a sus perros de caza durante las batidas.

Un antes y un después para la caza

El impacto del 20M no se limitó a la jornada en sí. Supuso un punto de inflexión en la percepción del colectivo cinegético, que pasó a mostrarse como un bloque unido y con capacidad real de influencia social y política.

Manuel Gallardo, presidente en 2022 de la Real Federación Española de Caza (RFEC) durante el discurso que protagonizó frente al MITECO en el escenario preparado para la lectura del manifiesto.

También marcó un cambio en la forma de comunicar del sector. Las redes sociales jugaron un papel clave, amplificando el mensaje y convirtiendo la protesta en tendencia nacional, algo impensable hasta entonces para la caza.

Una mujer y un niño durante la protesta del 20M en Madrid.

Años después, muchos dentro del sector siguen considerando aquella jornada como el momento en el que el gigante despertó. Un despertar que, más allá de cifras y titulares, evidenció que el mundo rural estaba dispuesto a defender su futuro con una movilización sin precedentes.

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