La denuncia presentada por la Fundación Igualdad Animal contra un matadero de Segovia por el sacrificio de más de 200 ciervos procedentes de El Pardo ha vuelto a poner sobre la mesa una contradicción que el sector cinegético lleva años señalando. La misma organización que durante décadas ha pedido la prohibición de la caza y ha llegado a proclamar públicamente que «cazar es asesinar» critica ahora que los animales tengan que ser capturados y sacrificados en instalaciones autorizadas para controlar unas poblaciones desbordadas.
Según la información difundida por Europa Press, Igualdad Animal ha denunciado presuntas irregularidades en el sacrificio de estos animales, procedentes del Monte de El Pardo, un espacio gestionado por Patrimonio Nacional donde actualmente no se practica la actividad cinegética como antaño. La propia Junta de Castilla y León ha confirmado el inicio de actuaciones administrativas y la implantación de medidas correctivas en el matadero segoviano tras recibir la denuncia presentada por el colectivo animalista.
Pero el trasfondo del asunto va mucho más allá del expediente abierto en estas instalaciones. La situación vuelve a evidenciar las consecuencias derivadas de la ausencia de herramientas eficaces de control poblacional en determinados espacios naturales donde la caza ha desaparecido o se ha restringido drásticamente.
El Pardo: de cazadero real a superpoblación de ungulados
El Monte de El Pardo ha estado históricamente ligado a la actividad cinegética. De hecho, durante siglos fue uno de los grandes cazaderos reservados para la realeza española y todavía hoy el acotado conserva el número 1 en cuando a la matrícula que lleva asociada.
Sin embargo, el progresivo abandono de la caza en la zona ha provocado una fuerte expansión de las poblaciones de ciervos, gamos y jabalíes, una situación que desde hace años obliga a las administraciones a recurrir a capturas y sacrificios controlados para evitar problemas sanitarios, daños al ecosistema y accidentes.

Precisamente esa es la paradoja que muchos cazadores y gestores del medio natural señalan tras conocerse esta denuncia: quienes llevan décadas pidiendo el fin de la caza protestan ahora porque esos animales deban ser trasladados a mataderos para regular unas poblaciones que siguen creciendo sin control.
Una organización históricamente enfrentada a la caza
La posición de Igualdad Animal contra la actividad cinegética no es nueva. La fundación fue una de las organizaciones que se movilizó en paralelo a la gran manifestación en defensa de la caza celebrada en Madrid en 2008. En su propia página web aún puede leerse una nota en la que afirmaban: «Desde Igualdad Animal manifestamos nuestra más absoluta repulsa hacia esta manifestación y hacia cualquier modalidad de caza».
En aquel acto, varios activistas sostuvieron carteles con el lema «caza es asesinar» mientras mostraban el cadáver de un animal abatido. La organización aseguró entonces que se trataba de una liebre, aunque las imágenes mostraban en realidad un conejo de campo, un detalle que fue muy criticado entonces por aficionados y conocedores del medio rural y que muestra el profundo desconocimiento del medio natural de estas organizaciones animalistas.

No ha sido la única ocasión en la que el colectivo ha cargado contra la actividad cinegética. Sin embargo, esta nueva denuncia relacionada con los ciervos de El Pardo vuelve a abrir un debate incómodo incluso entre parte de la opinión pública: qué alternativa real existe para gestionar poblaciones salvajes cuando se rechaza también la caza como herramienta de control.
Según los datos facilitados por la propia organización animalista, en este matadero se sacrifican unos 2.300 cérvidos al año procedentes de controles poblacionales y su carne entra posteriormente en la cadena alimentaria bajo supervisión veterinaria oficial. Un dato que se destaca como si fuera algo negativo y, particularmente, lo que refleja es que el aprovechamiento de carne de caza debe ser una máxima para cualquier cazador o llevarse a cabo incluso con animales cuya población debe ser controlada como sucede en El Pardo.








