La llegada de la oruga procesionaria del pino suele asociarse a los primeros meses del año, pero este 2026 se está dejando ver algo antes de lo esperado en distintos puntos de la provincia de Alicante. Y eso, en plena temporada de paseos al aire libre, preocupa especialmente a los veterinarios por el riesgo que supone para los animales de compañía.

El aviso lo ha lanzado el Ilustre Colegio Oficial de Veterinarios de Alicante (ICOVAL), que pide máxima atención en las próximas semanas ante posibles casos relacionados con este insecto. La recomendación va dirigida tanto a clínicas como a propietarios: si el perro ha estado en zonas arboladas, especialmente en pinares, cualquier síntoma compatible debe tomarse en serio desde el primer momento.

La razón es tan sencilla como peligrosa. La procesionaria está recubierta por unos 500.000 pelos urticantes, conocidos como tricomas, que contienen una toxina termolábil llamada Thaumatopina. Esta sustancia puede causar problemas de salud tanto en personas como en animales y, en estos últimos, incluso tener un desenlace fatal.

Un contacto mínimo puede desencadenar un cuadro grave

Los tricomas se desprenden con facilidad y pueden clavarse en mucosas y tejidos, provocando cuadros muy variados según la exposición. Los veterinarios señalan que lo más frecuente es que aparezcan inflamación de lengua y labios, hipersalivación, úlceras en la boca, vómitos, picor intenso, lesiones oculares o irritaciones que empeoran rápidamente.

En situaciones más avanzadas, el problema va a más y puede derivar en necrosis tisular o complicaciones respiratorias. La evolución clínica depende del nivel de contacto y, sobre todo, de cuánto tiempo pase hasta recibir atención veterinaria. En estos casos, cada minuto cuenta.

Por eso, desde ICOVAL recuerdan que durante las próximas semanas es importante tener a la procesionaria en mente cuando llegue un animal con síntomas compatibles. Especialmente si hay antecedentes de paseos recientes por exteriores o por zonas verdes donde pueda haber presencia del insecto.

Típica fila de orugas de procesionaria. © Shutterstock

Qué recomiendan los veterinarios para reducir el riesgo

La primera medida es preventiva: evitar los paseos por áreas de riesgo o mantener a los perros bajo control para impedir que olisqueen el suelo, se acerquen a bolsones o entren en contacto directo con las orugas. La curiosidad, en este caso, puede salir carísima.

Además, los profesionales piden que los propietarios estén informados de la presencia de procesionaria en parques y zonas verdes, ya que no siempre es fácil detectarla a simple vista hasta que es tarde. Ante el menor signo, aunque parezca leve, recomiendan consultar cuanto antes.

En clínica, el consejo es actuar rápido con tratamiento sintomático precoz y aplicar medidas de descontaminación local, como lavado ocular u oral si se sospecha exposición. También se insiste en registrar los casos compatibles para ayudar a seguir la incidencia durante la temporada.

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