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Un agricultor deja sus sandías junto a una carretera sin nadie que las vigile y al volver se lleva una sorpresa

Un trabajador del campo colocó en una carretera de Calamandrana, en Italia, un puesto de sandías sin vendedor y un curioso objeto junto a ellas. Al regresar al día siguiente comprobó cómo habían respondido vecinos y conductores.

En Calamandrana, una pequeña localidad rural de la provincia italiana de Asti, el agricultor Alessandro Solito decidió dejar varias sandías junto a una carretera. No había ningún vendedor atendiendo el improvisado puesto: únicamente colocó una hucha y un cartel que invitaba a llevarse una pieza y dejar, a cambio, un donativo para un refugio de animales.

El agricultor confiaba en que quienes se detuvieran actuarían con honradez. Cada vecino o conductor podía escoger una sandía y decidir libremente cuánto dinero introducía en la caja, sin que hubiera nadie vigilando el puesto ni controlando la cantidad entregada.

Una idea que conoció durante un viaje a Islandia

La iniciativa surgió después de un viaje de Solito a Islandia. Allí había conocido un sistema utilizado en algunas zonas rurales, donde agricultores y ganaderos dejan sus productos en puestos sin vigilancia y confían en que los compradores paguen antes de marcharse. Solito quiso trasladar aquel modelo a su municipio, aunque varias personas de su entorno le advirtieron del riesgo. Algunos temían que alguien se llevara las sandías sin pagar; otros, incluso, que desapareciera la hucha con toda la recaudación.

Pese a las advertencias, el agricultor siguió adelante. Junto a la fruta dejó un mensaje claro: «Toma una sandía y deja una donación. Será entregada al refugio de animales». Después se marchó y dejó el resultado en manos de quienes pasaran por aquella carretera del norte de Italia.

Puesto de sandías y melones en una carretera española. © Shutterstock

Todas las sandías desaparecieron durante la jornada

El puesto permaneció solo durante todo el día. Los conductores podían detenerse, coger una de las piezas y depositar la cantidad que considerasen oportuna, sin cámaras ni nadie que comprobara su comportamiento. Solito no regresó hasta el día siguiente. Al llegar descubrió que no quedaba ni una sola sandía, pero también que la hucha seguía en su sitio. Cuando la abrió encontró monedas y billetes por un importe total de 140 euros.

El dinero recaudado fue entregado al refugio de animales anunciado en el cartel. La iniciativa comenzó a difundirse a través de las redes sociales y terminó siendo recogida por medios italianos como La Stampa, que destacó el comportamiento de los vecinos y el carácter solidario del experimento.

Puesto de sandías. © Shutterstock

Un pequeño puesto basado únicamente en la confianza

«Lo hice por curiosidad, pero también por una buena causa. Estoy feliz de que la gente haya confiado y, sobre todo, de poder ayudar a los animales del refugio», explicó posteriormente el agricultor, según la información publicada sobre el caso.

El resultado también llamó la atención de otros agricultores de la zona, interesados en una fórmula que permite ofrecer directamente los productos del campo sin mantener a una persona atendiendo el puesto durante toda la jornada.

En esta ocasión, además, la recaudación no fue para el productor. Las sandías, una hucha y un sencillo cartel permitieron reunir 140 euros en apenas un día y demostraron que un sistema basado únicamente en la confianza también puede funcionar cuando quienes participan entienden el propósito que hay detrás.

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