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Multan a un agricultor de Madrid por labrar una tierra heredada que estaba sin explotar: «Este país es el peor para emprender»

Un trabajador del campo de Villarejo de Salvanés relata que los agentes forestales lo denunciaron después de arar una parcela familiar que llevaba años sin cultivarse y había pasado a ser considerada terreno forestal.

Mucho se habla de recuperar las tierras abandonadas, facilitar el relevo generacional y devolver actividad al medio rural. Sin embargo, un agricultor de Villarejo de Salvanés (Madrid) asegura haberse encontrado con la cara opuesta de ese discurso: después de poner de nuevo en producción una parcela que llevaba años sin trabajarse, recibió la visita de los agentes forestales y una denuncia administrativa.

El protagonista es Marcos, conocido en TikTok como @marcoseltenazas, un agricultor que utiliza habitualmente sus redes sociales para mostrar su trabajo y denunciar los problemas que afectan al sector. Según explica, unos familiares de su mujer les cedieron recientemente varias tierras para que pudieran cultivarlas.

Una de ellas se encontraba en erial y llevaba bastante tiempo sin ararse. Marcos decidió labrarla, convencido de que simplemente estaba recuperando para la agricultura una finca que había permanecido abandonada. Poco después, afirma, los agentes forestales fueron a buscarlo.

Una antigua tierra agrícola considerada ahora terreno forestal

«Vinieron los forestales a buscarme, porque no es una tierra arable, es una tierra forestal. Y me han puesto una sanción administrativa», sostiene el agricultor en el vídeo. Según relata, ahora debe tramitar el cambio de uso forestal a agrícola, aunque desconoce cuál será finalmente el resultado del expediente.

El caso tiene explicación en la legislación madrileña. La Ley Forestal de la Comunidad de Madrid contempla como terreno forestal aquellos suelos procedentes de usos agrícolas o ganaderos que, debido al abandono y a su evolución natural, hayan adquirido vegetación y características propias de un monte. Por tanto, una parcela puede haber sido cultivada en el pasado y, sin embargo, quedar sometida años después a la normativa forestal. Así lo establece el artículo 3 de la Ley 16/1995.

La misma norma exige autorización previa para realizar un cambio de uso y considera infracción la roturación de un terreno forestal sin ella. La Comunidad de Madrid dispone de un procedimiento específico para solicitar la transformación de uso forestal a agrícola, que obliga a presentar una memoria, la localización cartográfica y la documentación que acredite la propiedad o autorización del dueño.

«Llevo tres años con tanta burocracia y estoy harto»

Más allá del motivo concreto de la denuncia, Marcos utiliza su experiencia para lanzar una dura crítica contra las dificultades que, a su juicio, soportan quienes intentan ganarse la vida trabajando y emprendiendo en el campo. Se queja de la acumulación de trámites, del aumento de los costes de producción y de que los agricultores apenas tengan capacidad para fijar el precio de lo que producen.

«Es un país que el que quiere emprender como yo… es la mayor mierda del mundo. Por tanta burocracia, por costes de producción, nos ponen los precios…», afirma. El agricultor contrasta esta situación con la de quienes, según sus palabras, reciben ayudas o «pagas vitales» sin asumir el riesgo, los gastos y la carga administrativa que afronta un trabajador por cuenta propia.

También reprocha al sector su falta de movilización. «Los agricultores hoy en día, y encima no salimos a la calle, no es que seamos mansos, somos más para allá», lamenta, antes de ironizar con que podrían subir el gasóleo hasta cinco euros porque, en su opinión, los profesionales del campo terminarían pagándolo igualmente.

@marcoseltenazas

♬ sonido original – Marcos

De escuchar cantar a su padre en el tractor a sentir rechazo por su trabajo

La parte más amarga del testimonio llega cuando Marcos compara su estado de ánimo con el de su padre. Recuerda que este cantaba mientras trabajaba sobre el tractor, mientras que él reconoce estar agotado después de años peleando contra trámites, costes y obligaciones administrativas. «Mi padre cantaba encima del tractor, ¡cantaba! Y a mí me da asco… Llevo tres años con la burocracia que estoy harto», concluye.

Su relato expone una contradicción que conocen bien muchos profesionales del mundo rural: mientras las administraciones insisten en la necesidad de frenar el abandono del campo y favorecer la incorporación de nuevos agricultores, poner nuevamente en cultivo una finca familiar puede convertirse en un laberinto administrativo si el terreno ha adquirido la consideración legal de monte durante los años en los que permaneció sin trabajar.

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