Portada » Blog » Acero y bismuto: por qué no son una alternativa real al plomo en la caza española

Acero y bismuto: por qué no son una alternativa real al plomo en la caza española

Bruselas asegura que hay alternativas viables al plomo, pero el acero dispara el riesgo de rebotes y heridas, y el bismuto es escaso y caro.

La Comisión Europea ya tiene fecha para el adiós al plomo en los cartuchos de perdigones: el Comité REACH aprobó el pasado 25 de junio la prohibición, con un periodo transitorio de siete años antes de su entrada en vigor definitiva. Las balas quedan fuera de la medida, que se centra exclusivamente en los perdigones de escopeta. Bruselas defiende la decisión con un argumento que repite en cada comunicado: existen materiales capaces de sustituir al plomo y varios países del norte de Europa ya conviven con esa prohibición sin que la caza haya desaparecido. El problema es que esa conclusión se sostiene mirando el mapa de Dinamarca o los Países Bajos, no el monte bajo de Castilla-La Mancha ni los rastrojos de Madrid, Castilla y León o Aragón, por poner algunos ejemplos.

La restricción que se tramita ahora en el Parlamento Europeo —que dispone de tres meses para pronunciarse— no debe confundirse con la que ya está en vigor desde el 16 de febrero de 2023 en los humedales de toda la Unión. El Reglamento (UE) 2021/57 prohíbe disparar e incluso portar perdigones con una concentración de plomo igual o superior al 1% dentro de estos espacios y en una franja de 100 metros a su alrededor. Esa norma ya convive con los cazadores españoles desde hace tres temporadas; la que se debate ahora en Bruselas es mucho más ambiciosa, porque afectaría a toda la caza menor con escopeta, en cualquier terreno.

El antecedente nórdico que Bruselas usa como coartada

El argumento europeo se apoya en que países como Dinamarca, Países Bajos y Alemania ya han prohibido o restringido ampliamente el plomo en su actividad cinegética sin que el sector se haya hundido. Es un antecedente real, pero incompleto si se traslada sin matices a España. La caza en esos países se practica mayoritariamente sobre aves en vuelo —ánade, becada, faisán— en terrenos húmedos, blandos y cubiertos de vegetación, donde el perdigón que no impacta en la pieza termina enterrándose en turba o barro sin rebotar contra nada. La climatología y la orografía amortiguan buena parte de los riesgos que preocupan a los técnicos cuando se habla de munición de acero.

conejo
La caza del conejo se lleva a cabo muchas veces en terrenos pedregosos y duros, aumentando la peligrosidad de utilizar cartuchos con perdigón de acero. © Ángel Vidal

España es otra historia. Buena parte de la caza menor se practica a ras de suelo, sobre especies que arrancan o corren entre cultivos, majanos, piedras y laderas pedregosas: el conejo con hurón es un ejemplo, pero no el único. En esas condiciones el perdigón que falla el blanco no se frena en tierra blanda, sino que golpea roca o terreno compactado y puede salir despedido. La Federación Aragonesa de Caza (FARCAZA) lo ha resumido sin rodeos al advertir de que la sustitución del plomo por acero no resulta viable cuando se dispara hacia el suelo, una situación habitual en la caza del conejo con hurón o con perros, por el riesgo de rebotes que afecta tanto a los cazadores como a los animales que participan en la jornada.

Acero: más barato, pero más duro y con menos poder de parada

El acero es la alternativa que todo el mundo menciona primero porque es la más barata, pero también la que arrastra más dudas técnicas. Su densidad ronda los 7,8 gramos por centímetro cúbico frente a los 11,3 del plomo, lo que significa que un perdigón de acero del mismo diámetro pesa alrededor de un 31% menos. Volando a la misma velocidad, transporta menos energía y la pierde antes. Los fabricantes intentan compensarlo con perdigones más grandes y cargas más veloces, pero eso obliga a revisar distancias de tiro, elección del número de perdigón y densidad del plomeo: un cartucho de acero del número 7 y 32 gramos no es, en la práctica, el equivalente de uno de plomo con el mismo gramaje impreso en la caja.

El acero produce más rebotes en la caza, transporta menos energía y la pierde antes. © Shutterstock

La consecuencia directa de esa menor energía es el riesgo de dejar piezas heridas en vez de cobradas limpiamente, sobre todo si el cazador dispara a las mismas distancias y con el mismo criterio que usaba con plomo sin ajustar nada. A eso se suma el problema del rebote: al ser más duro y deformarse menos que el plomo al impactar, el acero conserva buena parte de su forma y energía cuando golpea piedra, roca o suelo compactado, con la consiguiente amenaza para quien está cerca de la trayectoria, ya sea un compañero de caza, un perro o un hurón. El plomo también rebota, pero su mayor maleabilidad hace que se deforme y pierda energía de otra manera.

Tampoco es un simple cambio de caja en la recámara. El acero exige comprobar antes la compatibilidad del arma: la prueba del cañón, el choque, la recámara y las instrucciones del fabricante determinan si una escopeta puede disparar esta munición sin riesgo. En España sigue circulando un parque considerable de escopetas veteranas que no fueron diseñadas para este material, y en Jara y Sedal ya hemos explicado que cerca de medio millón de escopetas podrían no ser compatibles con el acero, lo que obligaría a muchos cazadores a asumir el coste de renovar su arma o de llevarla a un armero para verificar el punzonado antes de seguir cazando con ella.

Bismuto: el material se acerca al plomo, pero escasea y encarece

El bismuto es, desde el punto de vista balístico, la alternativa que mejor imita al plomo. Su densidad, próxima a 9,8 gramos por centímetro cúbico, queda a medio camino entre el acero y el plomo, y su menor dureza reduce buena parte de los riesgos de rebote que plantea el acero, además de ser compatible con escopetas clásicas de cañones yuxtapuestos que no soportarían acero. El problema no es técnico, sino de bolsillo y de suministro.

Los precios que manejan distribuidores de munición sitúan una caja de 25 cartuchos de plomo del número 7 y entre 32 y 34 gramos en una horquilla de 8 a 14 euros, mientras que el acero se mueve en un rango similar o ligeramente superior. El bismuto, en cambio, se dispara hasta cajas de 25 a 40 euros según las referencias comerciales disponibles, lo que puede llegar a cuadruplicar el coste por disparo respecto al plomo. En una temporada con pocas salidas la diferencia se asume, pero en controles de conejo, tiradas de perdiz o jornadas de entrenamiento con un consumo elevado de cartuchos, el sobrecoste se multiplica.

MaterialPrecio orientativo caja de 25 (32-34 g, nº 7)Densidad (g/cm³)Compatibilidad con el arma
Plomo8 – 14 euros11,3Universal
Acero8 – 14 euros7,8Requiere banco de pruebas específico
Bismuto25 – 40 euros9,8Universal, incluidas escopetas clásicas

La razón de ese precio no es un capricho del mercado. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), China es el mayor productor mundial de bismuto, con una producción minera mundial estimada en unas 16.000 toneladas en 2025

Síguenos en discover

Sobre el autor

Scroll al inicio